
Por: Cristián Martínez, fundador de Crece Inmobiliario, Ingeniero Comercial, Magister en Administración de Empresas de IEDE y Master de Administración de Empresas en la Universidad de LLeida.
Una de las decisiones más importantes que enfrentan los compradores de vivienda, después de lo que implica el calificar a un crédito hipotecario en alguna entidad crediticia, es la elección entre una tasa fija o variable. Esta decisión puede tener un impacto significativo en las finanzas a largo plazo y la tranquilidad del inversionista, por lo que es relevante conocer cuál es la mejor alternativa entre ambas.
La respuesta parece ser simple, pero no es tan así. Por un lado la tasa fija ofrece estabilidad y previsibilidad, se mantiene constante durante toda la vida del crédito, independientemente de las fluctuaciones del mercado bajo el Gobierno de turno o las políticas del Banco Central, por lo que es una opción particularmente atractiva en un entorno de tasas bajas, ya que blinda al deudor contra futuros aumentos.
Por otro lado, la tasa variable suele comenzar más baja que la fija, pero conlleva un elemento de incertidumbre. Típicamente, se fija por un período inicial (3 o hasta 6 años) y luego se ajusta periódicamente según las condiciones del mercado. Esta opción suele ser tentadora para quiénes buscan pagos iniciales más bajos y están dispuestos a asumir cierto riesgo.
¿La verdad? es que se recomienda la tasa fija en el 99% de los casos, dado que la certeza que proporciona es invaluable. En un escenario de alza de tasas, el deudor queda protegido y si las tasas bajan, siempre existe la opción de refinanciar, especialmente en Chile donde el costo de prepago de un crédito hipotecario es relativamente bajo (generalmente un 1,5 mes de interés), comparado con los potenciales ahorros que se pueden generar con esta operación.
Eso sí, es importante entender que el mercado de créditos es cíclico, con períodos de alzas y bajas que pueden durar décadas. La clave está en identificar en qué parte del ciclo nos encontramos y actuar en consecuencia. Por ejemplo, si contrataste un crédito a 20 años con una tasa del 6% hace dos años y hoy hay ofertas al 4,7%, definitivamente vale la pena considerar un refinanciamiento.
La tasa variable, aunque atractiva por sus menores costos iniciales, implica aceptar un grado de incertidumbre que muchos inversionistas prefieren evitar. Si bien, los primeros años ofrecen claridad en los pagos a largo plazo, se está a merced de las fluctuaciones económicas del momento.
Aunque las tasas variables no son inherentemente malas y pueden ser apropiadas en ciertas situaciones, en el contexto actual, la tasa fija se presenta como la opción más prudente para la mayoría de los compradores. Ofrece protección contra alzas futuras y flexibilidad para aprovechar las bajas mediante refinanciamiento. Es, en esencia, un seguro financiero que proporciona tranquilidad y estabilidad en tu inversión inmobiliaria a largo plazo.