
Ubicado en el corazón del Kurdistán sirio, no es un caso único. ¿Cómo es organizarse sin el género masculino en este lugar?
Por Leonardo Nuñez
El próximo 25 de noviembre, en el Día Internacional contra la Violencia de Género, Jinwar cumplirá seis años de existencia. Y las celebraciones contarán con un hecho muy poco usual en la historia de las sociedades modernas: no habrán hombres adultos en los festejos.
Así es, porque este pueblo, ubicado en el corazón del Kurdistán sirio, se ha organizado como una comunidad autónoma dirigida y habitada exclusivamente por mujeres y sus hijos, las cuales buscan un estilo de vida autosuficiente y sostenible. Los hombres pueden visitar el lugar, pero no quedarse a dormir.
La historia de Jinwar está profundamente marcada por la lucha contra el Estado Islámico (ISIS). En 2017, después de la derrota de este grupo terrorista en la región, la idea de prescindir de los hombres adultos empezó a tomar forma, según se explica una nota de Infobae.
Un grupo de mujeres que habían perdido sus parejas en el conflicto o que habían sido víctimas de la brutalidad de ISIS, con el apoyo de las autoridades locales y diversas organizaciones humanitarias, dieron forma a la idea de construir el pueblo como un refugio seguro al no contar con individuos del sexo opuesto. Esto hacía sentido especialmente en víctimas de la violencia de género o de matrimonios forzados, muy propios de esta zona del planeta.
“Las casas de Jinwar son un tributo a la arquitectura tradicional; están construidas con arcilla, un material que facilita la regulación de la temperatura interior, manteniéndolas frescas en verano y cálidas en invierno. La aldea se encuentra rodeada de campos donde las residentes cultivan cereales, árboles frutales y olivos. Estos cultivos proveen alimentos a la comunidad, y también representan una fuente de ingresos mediante la cooperativa agrícola local”, relatan quienes han pido ingresar a conocer la forma de vida en este pueblo, donde sus residentes se dividen el trabajo y los recursos de manera equitativa.
Y aunque llama la atención internacional, no es el primer caso de una organización formada casi exclusivamente por mujeres. En Brasil existe Noiva do Cordeiro, una pequeña aldea rural, con raíces que datan de 1800, donde son las mujeres las que llevan el mando.
Noiva do Cordeiro (Novia del Cordero) fue fundado por Maria Senhorinha de Lima. Una mujer que fue excomulgada por la Iglesia católica en el 1891 por adulterio después de dejar su matrimonio “arreglado”, por otro hombre. Desde entonces, Maria Senhorinha y otras mujeres marcadas en aquella época como “fáciles” o “de mala vida” crearon su propio santuario lejos de una población que las juzgaba.
“Hay muchas cosas que las mujeres hacen mejor que los hombres. Nuestro pueblo es bonito, organizado, y mucho más armonioso que si los hombres estuviesen al cargo. Cuando hay problemas o disputas resolvemos las cosas como mujeres, buscando el consenso en vez del conflicto”, le dijo Rosalee Fernandes, de 49 años, al Telegraph.
La chilena Bernardita Muñoz, mentora de mujeres profesionales, especializada en temas de género y directora de Cbmbrands, recuerda que también hay una organización parecido en Asia.
“En la comunidad de Los Mosuo, que vive en las laderas del Himalaya, habitada por aproximadamente 40.000 personas, son las mujeres las que lideran. Las parejas no viven juntas y son las mujeres quienes crían a los hijos; los hombres tienen una participación en la pesca y matanza de ganado, pero la mujer es la cabeza de la familia”, indica.
Esta comunidad sigue una tradición matrilineal, en que el liderazgo se traspasando de mujer a mujer dentro de la familia. Los hombres cumplen roles y tienen fuertes vínculos con sus hijos. Pero las decisiones importantes, como la administración de los alimentos y la casa, son responsabilidad del género femenino.
“Ellas son las de dueñas y jefas del hogar, las que toman las decisiones en el ámbito familiar en cuanto a, por ejemplo, las riquezas y los bienes y las propiedades también pasan de madre a hijas al momento de la muerte”, explica.
Sobre Jinwar, señala que refleja la capacidad que tienen las mujeres de poder superar los obstáculos: “El contexto político, social y económico donde ellas se encuentran también las hace buscar espacios para poder proteger sus vidas. Por ser zonas siempre en conflicto de guerra, con presencia del estado islámico, en muchas comunidades no tienen acceso a la educación, son casadas desde muy temprana edad, algunas son abusadas sexualmente y otras también son aniquiladas. Este pueblo refleja la necesidad de superación de las mujeres. Y de poder contar con acceso a espacios de comunicación, de interacción, de educación, que les permita vivir bajo una manera digna. Que tengan esta capacidad de poder crear comunidad para poder vivir dignamente, es un gran mérito”.