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28 enero, 2026 /

Resiliencia integral: el desafío estructural de Chile ante los eventos extremos

Por: Marcos Brito, director ejecutivo del Instituto de la Construcción.

Chile es un país hermoso, pero expuesto. Nuestra geografía y diversidad climática nos enfrentan, año tras año, a una seguidilla de eventos naturales extremos que afectan de manera directa a nuestras ciudades, viviendas e infraestructura. Incendios forestales en zonas urbanas, lluvias intensas y aluviones, actividad sísmica constante, incluso amenazas volcánicas: convivimos con ellos, pero aún no respondemos con la urgencia estructural que requieren.

Esta exposición no es nueva, pero sí es más intensa y más frecuente. El cambio climático nos desafía a acelerar las medidas y replantearlas: los incendios ya no son rurales, las lluvias golpean donde antes no llovía y el crecimiento urbano ha llevado a miles de familias a vivir en laderas, quebradas o zonas que no cuentan con planificación ni estándares adecuados. En paralelo, seguimos construyendo sin integrar del todo el concepto de resiliencia como eje rector.

La resiliencia hoy debe dejar de ser aspiracional para transformarse en una exigencia concreta, medible, integral y transversal. Y eso, implica acción técnica, regulatoria y política.

Chile no parte de cero. Contamos con conocimiento técnico, profesionales altamente capacitados y experiencia acumulada. Pero debemos conectar esos avances con decisiones urbanas y constructivas coherentes con nuestro nivel de riesgo. Hemos dado pasos como el desarrollo de CES +Resiliencia, una extensión de la Certificación de Edificio Sustentable que incorpora criterios específicos para evaluar y mejorar la capacidad de respuesta y adaptación de las edificaciones frente a emergencias naturales.

También el Código Modelo Sísmico para América Latina y el Caribe (CMS), iniciativa que desde Chile lideramos como Secretaría General y, que busca, establecer estándares comunes de diseño sísmico para una región altamente expuesta. Este esfuerzo reconocido internacionalmente, permite compartir conocimiento, reducir brechas normativas y elevar la calidad estructural de nuestras construcciones, incorporando incluso tipologías no reguladas como la vivienda informal o el patrimonio arquitectónico.

Asimismo, hoy en el IC se trabaja en el desarrollo de indicadores de resiliencia, a través del Comité de Construcción Sustentable, y se dirige una secretaría técnica para el desarrollo de un Manual para Proyectos de Seguridad y Emergencia en Edificaciones, impulsado por la CChC. Construir resiliencia no es solo construir mejor. Es también planificar con sentido de urgencia, medir e integrar datos de riesgo en la normativa, repensar cómo crecen nuestras ciudades, y dejar de tratar los desastres como sorpresas.

Potenciar ciudades resilientes es una necesidad del país. Y debemos seguir impulsando articulación, conocimiento técnico y soluciones que miren de frente los desafíos que nuestro territorio nos impone.

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