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31 julio, 2026 /

Planificar la ciudad no puede ser una batalla

Por: Rodrigo Aravena, socio de AGS Visión Inmobiliaria. 

Al observar experiencias urbanas como la de Santander, en España, queda en evidencia que una ciudad puede transformarse positivamente cuando existe una visión compartida entre el mundo público y privado. La renovación de su borde costero, con espacios abiertos, equipamientos culturales y zonas de uso ciudadano, muestra que la planificación urbana no tiene por qué entenderse como una amenaza, sino como una oportunidad para mejorar la calidad de vida.

Esa mirada resulta especialmente relevante para Santiago, una ciudad que hoy enfrenta una tensión cada vez más evidente: por un lado, la necesidad de generar más vivienda, dinamizar la construcción y responder a nuevas demandas urbanas; y por otro, municipios que muchas veces restringen sus instrumentos normativos como respuesta a la presión vecinal o al temor frente al desarrollo inmobiliario.

El problema no está en que existan distintas miradas sobre cómo debe crecer la ciudad. Eso es parte natural de la planificación. El problema aparece cuando esa discusión se transforma en una pugna entre el nivel central y las comunas, o entre desarrollo y defensa barrial, como si fueran objetivos incompatibles.

Santiago necesita crecer, pero debe hacerlo bien. Requiere más viviendas, mejores localizaciones, equipamiento, conectividad y espacios públicos. También necesita cuidar sus barrios y evitar una densificación sin criterios urbanos. El verdadero desafío no es frenar el desarrollo ni promoverlo a cualquier costo, sino encontrar un equilibrio que permita compatibilizar crecimiento, calidad de vida e identidad local.

Cuando una comuna opta por el inmovilismo normativo, el principal perjudicado termina siendo el ciudadano. Pierde quien busca acceder a una vivienda bien ubicada, pero también pierde quien espera una ciudad con más servicios, inversión y oportunidades. Una planificación rígida o desactualizada no protege necesariamente a los barrios; muchas veces solo posterga soluciones urgentes.

Ese es el sentido del Barómetro Normativo de AGS: tomarle el pulso a las 39 comunas del Gran Santiago y observar cómo están cambiando sus condiciones urbanas, normativas y de desarrollo. La herramienta permite identificar qué comunas están avanzando hacia una planificación más equilibrada y cuáles están levantando barreras que pueden terminar limitando el crecimiento de la ciudad.

Porque una ciudad que no se adapta, se detiene. Y cuando la ciudad se detiene, quienes más pierden son sus propios habitantes.

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