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8 octubre, 2026 /

La reivindicación del señor Barriga

Por: Cristóbal Uriarte, Abogado y Director Área Inmobiliaria Philippi Prietocarrizosa Ferrero DU & Uría.

En un artículo publicado el 6 de octubre en El Mercurio se aludió a una antigua columna del hoy ministro de Vivienda, Iván Poduje, en la que – mucho antes de asumir la cartera – mencionaba al señor Barriga del Chavo del 8. En aquella columna titulada “El derecho a la vivienda ¿arrendada?” y publicada en julio de 2021, Poduje usaba al señor Barriga como la versión latina del landlord anglosajón, para advertir sobre el auge del arriendo institucional llamado “multifamily”.

Entonces, su tesis era una defensa de la vivienda propia: cerraba pidiendo defender el derecho a la casa propia para que las familias chilenas no dependan “de un señor Barriga”. El personaje aparecía, entonces, como el símbolo de aquello de lo que no conviene depender. El Mercurio ahora recordó esa columna porque se han vuelto a poner sobre la mesa las críticas a la renta residencial.

Vale la pena, sin embargo, mirar esta figura desde otra perspectiva. Situemos al señor Barriga en el Chile de hoy: es un emprendedor que arriesgó su patrimonio, invirtió sus recursos para financiar el pie del condominio y se endeudó con el banco –mediante un crédito hipotecario- para pagar la diferencia. Además, cuida bien dicha comunidad con los bienes comunes limpios y perfectamente conservados, y con una linda pileta ornamental en el patio del fondo.

Cualquier comunidad en Chile bajo la actual Ley 21.442 de copropiedad inmobiliaria daría lo que fuera por un administrador así, porque siendo dueño exclusivo, pudo haber modificado el reglamento de copropiedad para prohibir los juegos de pelota en los espacios comunes y evitar que los niños lo recibieran con golpes, pero nunca lo hizo. Aguantó pelotazos sin cambiar las reglas ni expulsar a nadie; toleró catorce meses de renta impaga a don Ramón sin ejercer el desahucio ni la restitución; y hasta dejó que un niño viviera gratis en su propiedad.

Es más, su política de cobranza era tan compasiva que rozaba la negligencia. Como gestión de cartera, el trabajo del señor Barriga era cuestionable, sobre todo teniendo en cuenta que él tenía sus propias obligaciones financieras y al menos un hijo – Ñoño – que mantener, pero como persona no hay nada que reprocharle.

Aún más destacable, el señor Barriga llegó donde el Estado no llegaba y propició una solución habitacional a un grupo postergado de la sociedad mediante un negocio legítimo, asumiendo el riesgo que nadie más quería asumir. Esa es en el fondo, la función que hoy cumplen miles de arrendadores y desarrolladores en Chile, desde el dueño de un departamento hasta los fondos de multifamily.

Por eso creo que la contraposición entre casa propia y arriendo es, en buena medida, falsa. La aspiración a la vivienda propia es legítima y profundamente chilena, por lo que debe seguir siendo el eje de la política habitacional, pero un mercado de arriendo sano, con reglas claras y protección equilibrada de ambas partes, no es su enemigo: es su complemento natural en un país que enfrenta un déficit habitacional estructural y una población que envejece.

No debiéramos ver a los señores Barriga ni a las empresas de multifamily como los villanos de la vecindad, debemos reconocer con prudencia y buena regulación, el rol que cumplen quienes ponen su patrimonio al servicio de un bien tan escaso como la vivienda y de paso quieren hacer un buen negocio

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