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7 septiembre, 2026 /

Crecer con planificación y densidad para evitar el riesgo

Por: Francisco Bascuñán, director ejecutivo Inmobiliaria Norte Verde. 

Los intensos eventos climáticos que ha vivido recientemente nuestra región son un llamado a la acción y una oportunidad para planificar –como lo ha planteado la propia Secretaría Comunal de Planificación (Secplan) de la Municipalidad de Coquimbo –, con una mirada más amplia y coordinada el Área Metropolitana La Serena-Coquimbo, reconocida oficialmente bajo decreto en enero de este año.

Como arquitecto y urbanista, llevo cerca de 30 años observando cómo pasaron de ser dos ciudades de 120 mil habitantes cada una, a una conurbación de casi 600.000 habitantes. Ese crecimiento, cuando no está guiado por una planificación clara y anticipatoria, tiene un costo altísimo: se paga en inundaciones, en viviendas mal emplazadas y en infraestructura que llega tarde y a medias.

Coquimbo, pese a sus propios desafíos, tuvo la ventaja de contar con la visión de largo plazo de Pedro Velásquez, exalcalde que impulsó obras e inversiones que sentaron bases para el desarrollo de la comuna. La Serena, en cambio, aún no logra ponerse a ese nivel, aquejada por decisiones tomadas con una mirada parcial cuyos efectos seguimos pagando hasta hoy.

Basta recorrer calles donde la pavimentación pierde continuidad o intersecciones estratégicas como Cuatro Esquinas con Avenida del Mar, que se anega cada vez que llueve porque el diseño de ingeniería no consideró el escurrimiento del agua. Actualizar los estándares de diseño de aguas lluvias -colectores interconectados, obras de drenaje, cruces de quebradas bien resueltos- es una condición mínima para seguir construyendo ciudad.

A esto se suma un problema estructural, porque La Serena ha carecido de una política clara de densificación que defina de manera segura hacia dónde debe crecer. Las mayores alturas se han autorizado casi exclusivamente en Avenida del Mar o sectores puntuales, mientras el resto de la ciudad permanece restringido.

El resultado es previsible: si no se permite crecer en altura donde ya existe infraestructura, la ciudad termina creciendo hacia la periferia, empujando a muchas familias a poblar quebradas y zonas de riesgo. Nadie elige vivir ahí por gusto; lo hace porque no tiene otra alternativa y así se multiplican los loteos irregulares en terrenos expuestos a aluviones y anegamientos.

Aquí está, a mi juicio, la principal oportunidad que la autoridad municipal tiene entre manos. Asignar densidad a un terreno bien ubicado -cercano a una vía estructural, al transporte público y a servicios básicos- es una decisión de costo cero para el municipio y, al mismo tiempo, uno de los instrumentos más potentes para atraer inversión, equipamiento y viviendas seguras.

Desde el sector inmobiliario existe la voluntad -y también la responsabilidad- de aportar a un desarrollo urbano sostenible, siempre que las reglas sean claras y respondan a la nueva realidad climática, demográfica y social de nuestra Área Metropolitana. La planificación no puede seguir corriendo detrás de cada temporal. Densificar bien, en los lugares correctos y con estándares exigentes, es hoy la herramienta más eficiente que tenemos para crecer sin riesgos.

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