
El torneo que comienza este jueves movilizará a millones de visitantes y acelerará inversiones en transporte, hoteles y renovación urbana en Estados Unidos, México y Canadá. Expertos anticipan que el principal legado no estará en los estadios, sino en la infraestructura que transformará las ciudades anfitrionas.
Por Tomás Rodríguez Botto
Este jueves 11 de junio comenzará la Copa Mundial de la FIFA 2026, el evento deportivo más grande de la historia. Por primera vez participarán 48 selecciones y se disputarán 104 partidos en 16 ciudades de Estados Unidos, México y Canadá, un despliegue que movilizará entre 5 y 10 millones de visitantes, y más de 6,5 millones de espectadores en los estadios.
Sin embargo, el impacto más relevante para el sector inmobiliario podría producirse fuera de las canchas. La FIFA estima que el torneo generará más de US$80.000 millones en actividad económica, impulsando inversiones en transporte, hotelería, infraestructura urbana y desarrollo inmobiliario.
A diferencia de Qatar 2022 o Brasil 2014, donde gran parte de la inversión estuvo concentrada en la construcción de estadios, el Mundial 2026 aprovechará mayoritariamente recintos ya existentes. Esto ha permitido que una proporción significativa de los recursos se destine a proyectos urbanos permanentes, considerados por especialistas como los activos que generan mayor valor económico e inmobiliario en el largo plazo.
El legado ya comienza a ser visible en varias ciudades sede. En Los Ángeles continúan las inversiones asociadas a la expansión del sistema de metro y las conexiones con el Aeropuerto Internacional LAX, una de las mayores puertas de entrada al torneo. En Nueva York y Nueva Jersey se han fortalecido proyectos de transporte y accesibilidad en torno al MetLife Stadium, recinto que albergará la final. Mientras tanto, en Ciudad de México avanzan obras de mejoramiento urbano, movilidad y recuperación de espacios públicos vinculadas al entorno del Estadio Azteca.
A estas iniciativas se suman ampliaciones aeroportuarias, mejoras en carreteras, nuevos desarrollos hoteleros y proyectos de uso mixto orientados a absorber la llegada masiva de turistas. En varios mercados ya se observa una creciente demanda por activos ubicados cerca de aeropuertos, centros urbanos y corredores estratégicos de transporte.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha destacado que las ciudades anfitrionas tienen una oportunidad única para potenciar su desarrollo. “Millones de personas visitarán sus ciudades y eso tendrá un retorno increíblemente positivo”, afirmó durante un encuentro con representantes de las sedes del campeonato.
La magnitud del evento también se refleja en la venta de entradas. Los boletos más económicos parten cerca de los US$60, mientras que los valores promedio para partidos de fase de grupos fluctúan entre US$200 y US$500. Para la final, algunas ubicaciones superan los US$4.000 debido a la alta demanda.
Para las ciudades anfitrionas, el desafío no será únicamente organizar el mayor torneo de fútbol del planeta, sino capitalizar las inversiones realizadas. Nuevos hoteles, sistemas de transporte modernizados, aeropuertos ampliados y espacios urbanos renovados podrían convertirse en el verdadero legado del Mundial 2026, generando valor para residentes, inversionistas y mercados inmobiliarios mucho después del pitazo final.