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28 junio, 2026 /

Loteos: Cómo cambió la fórmula para valorizar los proyectos de vivienda rural

El endurecimiento de las normas para subdivisiones y la creciente preocupación por la crisis hídrica están impulsando un nuevo paradigma: bancos y tasadoras comienzan a premiar los proyectos que respetan la geografía natural del territorio.

Equipo EDI

El mercado inmobiliario rural chileno está experimentando una transformación silenciosa, pero profunda. Los tradicionales loteos en cuadrícula, durante décadas considerados sinónimo de eficiencia y buena valorización, están perdiendo terreno frente a proyectos que adaptan su diseño a las características naturales del suelo, priorizando la conservación hídrica y la protección de los ecosistemas.

El cambio comenzó a consolidarse tras el endurecimiento de los procesos de subdivisión impulsados por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) desde 2022, lo cual obligó a entidades financieras y empresas tasadoras a revisar sus criterios de evaluación. La planificación territorial adaptativa, antes vista como una excepción, comienza a instalarse como un nuevo estándar en el desarrollo rural.

“Las entidades financieras se están dando cuenta de que el valor más preciado de un terreno es su capacidad hídrica, la sanidad forestal y la riqueza de su suelo. Los proyectos que protejan esos atributos estarán resguardando el principal valor del activo”, explica Camilo González, gerente de operaciones de Genau Green.

Según el ejecutivo, el paradigma tradicional se ha invertido. Mientras los diseños en cuadrícula que alteran drenajes naturales o afectan bosques nativos pueden transformarse en pasivos ambientales y financieros, los proyectos adaptados a la topografía ofrecen mayores garantías de sostenibilidad, liquidez y viabilidad bancaria a largo plazo.

La evolución de los criterios técnicos también ha llegado a las tasaciones. Hoy, las evaluaciones incorporan análisis de curvas de nivel, estudios de drenajes y la relación de los proyectos con las cuencas y ecosistemas existentes. “Diseñar adaptándonos a la tierra ya no es una opción estética o ambiental: es un requisito mínimo para mantener la plusvalía y acceder al financiamiento”, sostiene González.

El fenómeno responde además a desafíos estructurales que enfrenta Chile, particularmente la crisis hídrica y el avance de la desertificación. Según estimaciones oficiales, más de la mitad del territorio nacional presenta algún grado de estrés hídrico, situación que ha elevado el valor estratégico de los suelos capaces de conservar agua y mantener servicios ecosistémicos esenciales.

En este nuevo escenario, el éxito de un proyecto rural ya no depende exclusivamente de maximizar la superficie utilizable, sino de su capacidad para integrarse al paisaje y preservar los recursos naturales. La forma del terreno, históricamente considerada un obstáculo, comienza a transformarse en uno de los principales activos para inversionistas, bancos y compradores.

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