
Por: Jaime Silva, Gerente General de CFL Inmobiliaria.
Hablar del escenario inmobiliario chileno de cara al 2026 exige una mirada realista y responsable. La industria viene de atravesar uno de los períodos más complejos de las últimas décadas, marcado por restricciones en el acceso al crédito, tasas de interés elevadas, rentas estancadas, baja capacidad de ahorro y una permisología que se volvió aún más lenta e incierta. Estos factores no sólo afectaron a los desarrolladores, sino también, a miles de familias que vieron postergada la posibilidad de acceder a una vivienda.
En este contexto, el cambio de gobierno ha generado expectativas de reactivación y mayor dinamismo. Sin embargo, es importante ser claros: los cambios estructurales no son inmediatos. Desde el punto de vista de la demanda, el 2026 será muy similar al año anterior. El acceso al financiamiento seguirá siendo limitado para una parte importante de la población, considerando que las exigencias de renta continúan siendo altas y que no se observan alzas relevantes de ingresos en el corto plazo.
Empero, no todo es tan negativo, vemos que comienzan a aparecer señales que permiten mirar este año con mayor perspectiva. La expectativa de una política más pro inversión y de cambios en la permisología es una de ellas y el nuevo gobierno tiene especial atención en esto. Hoy los procesos de aprobación se caracterizan por plazos extensos, criterios poco claros y observaciones sucesivas que encarecen los proyectos y terminan impactando en el precio final de las viviendas. Profesionalizar estos procesos, con protocolos definidos, plazos claros y mayor coordinación, es una condición básica para reactivar el sector.
La discusión regulatoria, particularmente en materia de densidades, también será clave. Si bien el objetivo de avanzar hacia ciudades más compactas es compartido, muchas normativas han terminado restringiendo la viabilidad económica de los proyectos, especialmente en segmentos medios. Revisarlas, sin descuidar la calidad de vida ni la infraestructura urbana, será fundamental para volver a generar viviendas accesibles.
En este contexto, el principal aprendizaje que nos deja el 2025 ante el escenario reciente, es la necesidad de anticiparse y dejar de ser reactivos ante los cambios y las tendencias. Hoy es necesario entender cada cambio demográfico en profundidad, además de conocer las nuevas formas de habitar y las reales condiciones de acceso para tener una vivienda son claves.
Si bien habrá un mayor dinamismo, éste se concentrará en proyectos orientados a familias más pequeñas, con tipologías acotadas a sus necesidades lo que ofrecerá valores más accesibles. Sin duda, hoy, estamos comenzando nuevos tiempos, que exigen realismo, coordinación y visión de largo plazo.