
Por: Francisco Ackermann, Fundador de www.ackermannpropiedades.com y autor de “Con Peras y Finanzas” Libro y Podcast.
En los últimos meses algo interesante empezó a pasar en el mercado inmobiliario chileno. Después de años de estancamiento, las ventas de departamentos e inmuebles para inversión comenzaron a tomar fuerza nuevamente, pero ¿qué hay detrás de este fenómeno? Dos factores que combinados, han generado un efecto inmediato: la baja en las tasas de interés hipotecarias y la activación del subsidio estatal a la tasa, que hoy ya ha ocupado cerca del 40% de sus cupos disponibles.
Para ponerlo en perspectiva, hace apenas un año conseguir un crédito hipotecario parecía misión imposible para muchas familias. Tasas históricamente altas, bancos restrictivos y un escenario económico incierto, hicieron que la demanda se frenara drásticamente. Hoy, en cambio, vemos tasas que han caído a mínimos de dos años y un incentivo concreto que permite reducir la carga del dividendo, devolviendo dinamismo a una industria que es clave para el crecimiento económico del país.
El subsidio a la tasa no solo representa un alivio para quienes sueñan con la casa propia, también se ha transformado en una oportunidad para inversionistas. Al disminuir el costo financiero de largo plazo, se reabre la posibilidad de evaluar proyectos con mayor rentabilidad, algo que en 2022 y 2023 parecía impensado. La reacción ha sido tan inmediata que casi la mitad de los cupos ya están comprometidos, señal clara de que había una demanda contenida esperando un punto de entrada.
¿Es esto un boom pasajero o el inicio de un ciclo más sostenido? Difícil afirmarlo aún. Lo cierto es que la industria inmobiliaria venía arrastrando cinco años complejos: estallido social, pandemia, incertidumbre regulatoria, retiros de fondos de pensiones y tasas prohibitivas. Era lógico que la recuperación no fuera de un día para otro. Sin embargo, la combinación de estímulos estatales con un entorno financiero más favorable empieza a mostrar un camino distinto.
Por supuesto, no podemos olvidar el déficit habitacional que sigue siendo enorme en Chile: más de 600 mil hogares necesitan una vivienda digna. En ese sentido, que se reactive la venta inmobiliaria es positivo, pero el desafío es mayor: lograr que este crecimiento también signifique más acceso, más soluciones reales y no solo un alivio momentáneo.
Lo interesante es que estamos viendo cómo pequeñas señales coordinadas pueden generar grandes movimientos. La baja de tasas por sí sola no hubiese bastado. El subsidio sin condiciones financieras atractivas, tampoco. Pero cuando ambas piezas se alinean, el mercado reacciona. Quizás ahí está la lección: para que la industria inmobiliaria vuelva a ser motor, se necesitan políticas públicas y decisiones privadas que trabajen en conjunto.
Hoy vemos un boom en marcha. La pregunta es cuánto durará y, sobre todo, cómo lo aprovecharemos para resolver problemas de fondo y no solo estadísticas de ventas.