
Por: Jaime Silva, Gerente General de CFL Inmobiliaria.
Durante años, hablar del mercado inmobiliario chileno fue hablar de crecimiento, inversión y acceso a la vivienda. Hoy debemos hacernos una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando el precio de las viviendas aumenta más rápido que la capacidad de las familias para acceder a ellas?
El Índice de Precios de Vivienda del Banco Central muestra la magnitud del cambio. Tomando 2008 como base 100, el indicador más que duplicó su nivel en los últimos años. Este aumento no responde a una sola causa. El suelo, los materiales y la mano de obra se han encarecido, mientras los proyectos enfrentan procesos de permisología más extensos y nuevas exigencias que aumentan sus tiempos y costos. ¿Y cuál es el problema?
El problema aparece cuando estos mayores costos se encuentran con ingresos que no crecen al mismo ritmo y con condiciones de financiamiento más exigentes. Y aquí hay una paradoja: Chile sigue necesitando viviendas, pero las familias no logran convertirse en compradores efectivos. El Censo 2024 contabilizó 491.904 requerimientos de nuevas viviendas, equivalentes al 7,5% de los hogares del país, por lo que la demanda existe. El desafío es generar las condiciones para que esa necesidad pueda encontrarse con una oferta accesible.
Por eso, la recuperación del mercado no puede depender únicamente de una baja en las tasas hipotecarias, que es lo que vemos hoy. La banca tiene un rol clave para ampliar responsablemente el acceso al financiamiento, especialmente para familias que hoy quedan fuera por su nivel de renta, pero el Estado también debe actuar. Reducir los tiempos de permisología y entregar mayor certeza a los proyectos es fundamental para aumentar la oferta y evitar que nuevos costos terminen trasladándose al precio final.
Nosotros, o sea, la industria, por supuesto que también debemos hacer nuestra parte. Debemos generar eficiencias, innovar y desarrollar una oferta que responda a las necesidades reales de las familias. El escenario actual debe alertarnos, pero no paralizarnos. La vivienda sigue siendo una de las principales formas de construir patrimonio, un motor relevante de empleo y actividad económica.
Un mercado sano no es aquel donde las viviendas simplemente suben de precio y generan mayores rentabilidades. Es aquel donde se desarrollan nuevos proyectos, se recuperan las ventas y, sobre todo, más familias tienen una posibilidad real de acceder a una vivienda, porque muchas veces esto se olvida: estamos construyendo los cimientos para un hogar.
El desafío de hoy es recuperar este acceso. Para lograrlo, necesitamos que el Estado, la banca y también la industria dejen de actuar por separado y trabajen sobre un objetivo común: hacer que comprar una vivienda vuelva a ser una posibilidad real para más chilenos.