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20 octubre, 2026 /

La ilusión del gremio: Dirigentes que negocian para sí mismos y el fracaso técnico de la copropiedad.

Por: Sergio Andrés Jara Rivera, CEO SOMA Holding Group, Gerente General SOMA Gestión Inmobiliaria SpA y SOMA Defensa Legal SpA.

Durante años se ha vendido la idea de que los gremios de administración inmobiliaria existen para dignificar el rubro, capacitar a los profesionales y velar por la ética y la transparencia en las comunidades. Sin embargo, cuando se contrasta el discurso público con la realidad operativa, la brecha es sencillamente abismal.

Es hora de decir las cosas por su nombre: organizaciones como el Colegio de Gestión y Administración Inmobiliaria Inmobiliarios (CGAI) o la Unión Nacional de Administradores de Condominios (UNAC), son lideradas por los mismos rostros de siempre; personajes que llevan más de 20 años en el sector acumulando reclamos y dejando la grande en las comunidades que han administrado.

Por si fuera poco, hace algún tiempo surgió una nueva asociación que replica exactamente el mismo patrón, con un nuevo cascarón gremial con gente deshonesta al mando, utilizando la misma fachada para sus propios fines. La información sobre sus desempeños, conflictos e historiales, no es un secreto, es más bien un dato que está ahí al alcance de la mano para que la prensa y el sector investiguen.

Lejos de representar y defender los intereses de la masa de administradores asociados que pagan sus cuotas y buscan un respaldo técnico real, la cúpula directiva de estos grupos utiliza la tribuna de la asociación para captar clientes y cerrar contratos masivos de administración con grandes inmobiliarias. Contratos que, por cierto, jamás se redistribuyen ni benefician a sus colegiados, sino que van a parar directamente a las carteras de las empresas operadas por los mismos dirigentes.

Y la guinda del pastel es el marco regulatorio actual, es La nefasta Ley 21.442 que hoy genera dolores de cabeza por ser inaplicabilidades en todo Chile. Contó con la participación activa e “intervención técnica” de estos mismos gremios en su tramitación legislativa. El resultado está a la vista: una ley llena de vacíos y contradicciones que deja en evidencia la absoluta falta de conocimiento técnico y la carencia de profesionalismo de quienes pretendieron representar al rubro.

El sector no necesita más fachadas ni clubes de beneficios privados disfrazados de asociaciones sin fines de lucro. Si la copropiedad en Chile busca salir de la crisis en la que está sumergida, necesitamos con urgencia transparencia, ética y una vocación real de servicio colectivo, no oficinas comerciales ni dirigentes perpetuos que se benefician a costa de sus propios asociados.

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