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10 diciembre, 2025 /

Acompañar más allá de la venta de la vivienda para que se cumpla el sueño latinoamericano

Por: Cornelio Saavedra U. y Nicolás González V. Co-founders de Lidz.ai. Ventas Inmobiliarias / Nuevas Tendencias / Proptech / Mercado Inmobiliario.

En gran parte de Latinoamérica tener una propiedad propia sigue siendo el gran sueño: una meta familiar, un símbolo de estabilidad y, muchas veces, el proyecto financiero más importante de la vida. Sin embargo, aunque vendemos productos que las personas pagarán durante las próximas tres décadas, los canales que abrimos para relacionarnos con ellas se activan casi exclusivamente durante la venta. Todo lo que ocurre después queda, muchas veces, en silencio.

Una vez entregado el departamento, el cliente pasa de ser prioridad absoluta a convertirse en un visitante ocasional, y junto con él, también quedan fuera de nuestro radar las comunidades que rodean los proyectos: vecinos, proveedores, administradores y servicios locales. Todos actores que influyen en la experiencia, pero que rara vez encuentran un canal claro para comunicarse con la inmobiliaria. Paradójicamente, para la ciudad, un buen proyecto deja una huella que puede durar cien años o más.

El resultado es evidente: construimos relaciones intensas… pero breves. No acompañamos la vida que empieza después de la venta. Y esa vida exige nuevas responsabilidades: comprender los sistemas del edificio, coordinar todos los mantenimientos, gestionar garantías, convivir con otros residentes y aprender a habitar un espacio que recién comienza a ser hogar.

La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿podemos pasar a un modelo de acompañamiento más sostenido? Porque al no hacerlo, nos estamos perdiendo una oportunidad.

Podríamos pensar en mantenciones programadas que prolonguen la vida útil del edificio, o en acompañamiento financiero para quienes buscan ahorrar y eventualmente volver a comprar. También en relaciones de largo plazo donde el cliente elija a la misma inmobiliaria en distintas etapas de su vida, o recomiende a su familia porque sintió un trato coherente y cercano.

Lo cierto es que la industria abre canales expeditos para vender, pero muy pocos para lo que ocurre después. Un cliente puede cotizar en minutos, pero tardar días en resolver una filtración o en entender un cobro. Esa asimetría erosiona la confianza. Las encuestas —tan cuestionadas hoy— muestran con claridad que la industria inmobiliaria está entre las de menor credibilidad.

Tenemos una oportunidad al frente para crear nuevos canales, entender cómo mejorar a las comunidades y asumir que los clientes —y quienes conviven con nuestros proyectos— son un activo estratégico, no un trámite posterior a la venta. Si la vivienda es el sueño latinoamericano, entonces el desafío es evidente: no basta con vender bien, hay que seguir ahí cuando el sueño comienza a vivirse.

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