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20 septiembre, 2026 /

La vivienda social no se construye con anuncios

Por: Sebastián Bustamante, Director de inversiones inmobiliarias y desarrollo, ingeniero civil y Máster en Desarrollo e Inversiones Inmobiliarias.

La vivienda social no se construye con metas, sino con proyectos que efectivamente logran iniciar sus obras. Por eso, la advertencia planteada por la Asociación de Desarrolladores de Viviendas Sociales (ADVS), en una reciente entrevista publicada por El Mercurio, no debería interpretarse como una crítica política sino como una señal de alerta desde quienes conocemos lo que ocurre en terreno, proyecto a proyecto, región a región.

El Gobierno comprometió 400 mil soluciones habitacionales durante su mandato, equivalente a un promedio de 100 mil por año. Sin embargo, los inicios de obra disminuyeron de cerca de 50 mil viviendas en 2024 a aproximadamente 40 mil en 2025. La distancia entre ambas cifras muestra que no basta con anunciar una meta ambiciosa: se necesita una estrategia clara, con plazos, financiamiento y responsables definidos para cumplirla.

Quienes desarrollamos viviendas sociales sabemos que la incertidumbre tiene consecuencias concretas. Cuando no existe claridad sobre los subsidios, el financiamiento, los costos o la continuidad de los programas, los proyectos se frenan, la inversión se posterga y los empleos no se generan. Además, considerando que una vivienda demora meses o incluso años en materializarse, desde el diseño hasta la entrega de llaves, cada decisión que se aplaza hoy se convierte en una entrega que no ocurrirá mañana ni el año siguiente.

La industria no está pidiendo privilegios ni un cheque en blanco. Necesita conocer cuánto se construirá, mediante qué programas, en qué regiones y con qué recursos, para poder planificar con la anticipación que un proyecto habitacional exige.

También requiere permisos más ágiles, subsidios suficientes y reglas que permitan sostener económicamente los proyectos en el tiempo, especialmente ante el aumento de costos que implicará el término del Crédito Especial para Empresas Constructoras, un cambio que encarecerá cada nueva iniciativa habitacional y que la industria ya observa con preocupación.

Coincido con Carlos Marambio: se necesita más gestión, mayor velocidad y certezas. Los desarrolladores queremos colaborar y tenemos la capacidad para hacerlo, pero necesitamos condiciones que permitan transformar esa disposición en obras concretas y no solo en buenas intenciones ni en cifras optimistas.

La verdadera medida del éxito no serán las viviendas anunciadas, sino las familias que finalmente reciban las llaves de su hogar.

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