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2 junio, 2026 /

El desempleo histórico de 9,1% no se repara solo 

El desempleo en 9,1% duele en cada obra paralizada. Y en Chile, cuando la construcción se enfría, el empleo se congela y no es casualidad, porque el sector representa cerca del 8% del PIB y genera 1 de cada 12 empleos formales. Hoy, con más de 870 mil personas buscando trabajo, mirar los andamios vacíos es mirar el síntoma más claro de una economía que no logra despegar.
El Gobierno de Kast llegó con un discurso pro inversión y promesas de destrabe, pero en lo concreto, se aceleró la tramitación de permisos vía la Ley de Simplificación Normativa y se lanzó el plan “Construcción 360”, que otorga beneficios tributarios para proyectos de vivienda sobre 2.000 UF que inicien obras antes de diciembre de 2026. El BancoEstado amplió garantías estatales para créditos hipotecarios y se reactivó el subsidio DS19 con ajustes para clase media.
El resultado es real pero parcial. Según la CChC, los permisos de edificación subieron 7,4% interanual en el primer trimestre de 2026. El problema es que los permisos no son grúas. Entre el permiso y la pala hay financiamiento, confianza y demanda. Y ahí las cifras se estancan: la inversión en construcción cayó 1,2% en el mismo período y el empleo sectorial apenas creció 0,8%, muy por debajo de lo necesario para mover la aguja del 9,1%.
Tres nudos siguen sin cortarse. Primero, la tasa. Con el Banco Central manteniendo la TPM en 5,5% para contener la inflación que dejó el ciclo anterior, el crédito hipotecario sigue sobre 4,8%. Para una familia que gana $1,2 millones, el dividendo por una vivienda de 2.500 UF se come más del 35% del ingreso. Sin demanda solvente, no hay obra que parta.
Segundo, el suelo. El plan del Gobierno apostó por incentivos, pero debe enfrentar la escasez de suelo bien localizado. Los municipios demoran en promedio 18 meses en aprobar cambios de uso y planes reguladores. Santiago, Valparaíso y Concepción siguen siendo comunas saturadas, mientras hay otras con tierra disponible pero tienen la dificultad de factibilidad sanitaria, por lo que la política pública debe alinearse a los alcaldes con la urgencia nacional del empleo.
Tercero, la inversión pública. El MOP ejecutó solo 67% de su presupuesto en infraestructura en 2025. Para 2026 la cifra mejora, pero sigue bajo el 85% histórico. Hospitales, liceos y obras viales son mano de obra inmediata. Cada punto de subejecución son 12 mil empleos que no se crean.
La construcción es procíclica: cuando hay desempleo, cae la confianza, caen las ventas en verde y se postergan proyectos. Eso genera más desempleo. Romper ese círculo requiere medidas contracíclicas que aún no llegan con fuerza. Falta un shock de inversión pública bien focalizada, garantías reales para que la banca preste a tasas de largo plazo y un pacto con municipios para habilitar suelo en 6 meses, no en 2 años.
El Gobierno apostó a que el mercado, liberado de “trabas” se reactivaría solo, pero el mercado no construye sin compradores y los compradores no aparecen con 9,1% de cesantía y tasas altas. Aquí no hay ideología: hay matemática. Si la construcción no repunta al menos 4% anual, Chile no volverá a ver desempleo bajo 7%.
El 9,1% no se baja con comunicados, se baja con permisos que se transforman en obras en 90 días, con créditos que una familia promedio pueda pagar y con un Estado que ejecuta su propia cartera de inversión. La construcción fue el motor de salida de crisis en 2009 y 2020. Hoy el motor está con el capó abierto.
En resumen, esto es sólo un llamado de atención, porque el Gobierno de Kast está comenzando y aún tiene todo su período para pasar de la lógica de desregulación a la lógica de activación. Porque en economía, como en la obra gruesa, no basta con sacar los escombros, hay que poner los cimientos y el cimiento más urgente hoy es el empleo.

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