
Por: Cristián Martínez, fundador de Crece Inmobiliario, Ingeniero Comercial, Magister en Administración de Empresas de IEDE y Master de Administración de Empresas en la Universidad de LLeida.
No hace mucho tiempo atrás, cuando un desarrollador inmobiliario mencionaba que su proyecto contaba con Certificación de Edificio Sustentable, era principalmente un argumento de venta, una estrategia para capturar al nicho que mostraba sensibilidades por los temas ambientales. Hoy, más que una herramienta de marketing, esto se ha transformado en algo mucho más profundo y estructural para nuestra industria.
Actualmente, la Certificación de Edificios Sustentables ya no responde únicamente a una tendencia ecologista, sino que como respuesta a los nuevos mercados, a compradores con expectativas diferentes, a regulaciones cada vez más exigentes y a una forma de pensar que llegó para quedarse.
¿Qué significa realmente estar certificado? Se trata de medir y certificar el desempeño ambiental del edificio en múltiples dimensiones: eficiencia energética, uso eficiente del agua, calidad ambiental interior, costos de operación y mantenimiento, y gestión de residuos y materiales.
El enfoque es claro: mientras más sustentable es el edificio, más eficiente, confortable y económico resulta operar en el largo plazo. Por un lado, el desarrollador construye un proyecto menos invasivo que impacta menos al medio ambiente y, por otro, adquiere un departamento que consume menos energía, reduce gastos operacionales, mejora la vida útil de las instalaciones y, no menor, aumenta su atractivo para futuros arrendatarios o compradores.
Los contextos actuales también han impulsado la preferencia por viviendas eficientes, por ejemplo, con el aumento en las cuentas eléctricas. Contar con un proyecto que incorpore paneles solares y sistemas de eficiencia energética ya no es un lujo, es una necesidad económica. Es más, algunas instituciones financieras lo han entendido y ofrecen descuentos en créditos hipotecarios para propiedades con certificación sustentable, reconociendo el menor riesgo y mayor valor de estos inmuebles como activos.
¿Para qué invertir en tecnología del pasado cuando puedes adquirir algo alineado con la realidad actual? Necesitamos que todos los proyectos incorporen algún nivel de certificación sustentable, algo que contribuya al medio ambiente sin encarecer excesivamente el desarrollo., ya que no se trata de un costo adicional, sino de una decisión estratégica que mejora la comercialización del mismo a futuro.
Quienes desarrollan proyectos inmobiliarios deben comprender que la Certificación de Edificios Sustentables se instaló en el consciente colectivo de los compradores chilenos. Las regulaciones serán más exigentes, los usuarios valorarán cada vez más el confort y la eficiencia, y quienes no se adapten quedarán rezagados en un mercado que avanza rápidamente hacia un estándar superior. Esta realidad inmobiliaria, llegó para quedarse.