
Por: Cristóbal Uriarte, Abogado Director Área Inmobiliaria y Gestión de Tierras Philippi Prietocarrizosa Ferrero DU & Uría
Después de algunos años marcados por noticias poco alentadoras, hablar de brotes verdes en el mercado inmobiliario chileno puede sonar arriesgado. Sin embargo, los datos y el ambiente del sector muestran que la conversación ya no es la misma que teníamos, en pleno ciclo de alzas de tasas y fuerte contracción de la demanda. El escenario sigue siendo desafiante, pero empieza a configurarse un cuadro distinto, menos defensivo y con espacio para un optimismo razonable.
Uno de los cambios más relevantes ha venido desde el Banco Central, que revirtió el ciclo de fuertes incrementos de la tasa de política monetaria y ha ido recortándola gradualmente. Esa trayectoria se ha ido transmitiendo, con cierto rezago, a las tasas hipotecarias que han dejado atrás sus niveles más altos. No estamos frente a un crédito barato ni a un boom inmediato de compra de viviendas, pero sí ante condiciones algo más favorables para que familias e inversionistas vuelvan a evaluar operaciones que hace un año simplemente no cerraban.
Los informes de la Cámara Chilena de la Construcción y de distintas consultoras, apuntan en la misma dirección: observar estabilización e incluso mejoras en las ventas de viviendas nuevas. El mercado de arriendo, en particular el de oficinas, ha mostrado un alza sostenida en el último tiempo, lo que ha favorecido que se vuelva a evaluar este tipo de proyectos.
En paralelo, la discusión pública hace bastante tiempo se centra en la permisología excesiva, la dispersión normativa y la falta de coordinación en la planificación urbana reconociéndolos como trabas concretas para la inversión y la oferta inmobiliaria. Los cambios legislativos orientados a modernizar los sistemas de permisos y a actualizar la evaluación ambiental van en la línea correcta, siempre que logren equilibrar protección de comunidades y medio ambiente con tiempos razonables y reglas claras para quienes desarrollan proyectos.
Nada de lo anterior significa que la crisis esté superada ni que los problemas estructurales se hayan resuelto. Pero sí muestra que el sector dejó atrás su momento más frío y empieza a moverse sobre una base algo más firme. En un mercado que opera con horizontes de largo plazo, estos cambios graduales son importantes. Hablar de brotes verdes no es declarar victoria, sino reconocer que existen señales consistentes de que el ciclo más duro quedó atrás y que, con prudencia y buena regulación, la industria inmobiliaria puede volver a ser un motor relevante de desarrollo y de confianza.