
El alza de 8,2% en la gasolina y el incremento de 2,6% en transporte explicaron buena parte de la inflación mensual, en un escenario que podría incidir en costos de construcción, logística y dinámica del mercado habitacional.
Por: Tomás Rodríguez Botto
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró en marzo una variación mensual del 1%, acumulando 1,4% en lo que va del año y 2,8% a doce meses, según informó el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Si bien la cifra estuvo marcada por el alza en transporte y educación, el componente energético vuelve a instalarse como un factor de atención para el mercado inmobiliario.
La división de transporte subió 2,6% en el mes e incidió 0,320 puntos porcentuales en el resultado general. Dentro de esta categoría, la gasolina aumentó 8,2%, mientras que los combustibles para vehículos personales avanzaron 8,7%, reflejando la sensibilidad del indicador frente a los precios energéticos.
Este escenario tiene efectos directos sobre el sector construcción. El encarecimiento de los combustibles impacta la logística, el traslado de materiales y la operación de maquinaria, elementos clave en el desarrollo de proyectos inmobiliarios.
“Esta importante alza en los costos de transporte y energía tiene un impacto directo en los costos de construcción, ya que ambos componentes inciden de forma transversal en la cadena productiva. El alza en combustibles encarece la logística, el traslado de materiales y la operación de faenas, mientras que el mayor costo de la energía afecta procesos clave como la fabricación de insumos y la ejecución de obras”, explica José Ignacio Maturana, gerente Inmobiliario de Norte Verde.
Pese a este escenario, desde la industria también observan una capacidad de ajuste. “Se observa una industria que ha avanzado en optimización de costos y rediseño de productos, lo que permite mitigar parcialmente estos efectos y mantener la viabilidad de proyectos”, agrega.
En paralelo, la división de Vivienda y Servicios Básicos registró una variación mensual de 0,1%, acumulando 2,9% en doce meses. Aunque el incremento fue acotado, este componente sigue siendo clave para el sector, tanto por su peso en la canasta como por su impacto en el costo de vida de los hogares.
Desde el lado de la demanda, un escenario inflacionario más persistente también genera presión. “Un contexto de inflación alta tiende a complicar aún más una industria ya golpeada, ya que tanto los precios de la vivienda como los créditos hipotecarios están indexados al IPC. Como los ingresos no crecen al mismo ritmo, cada vez más personas quedan fuera de la posibilidad de acceder a una vivienda”, advierte Maturana.
En ese contexto, los mecanismos de apoyo adquieren mayor relevancia. “El subsidio a la tasa hipotecaria, por ejemplo, es un beneficio concreto que puede reducir el dividendo en torno a un 13%, con un impacto directo en la capacidad de compra de las familias”, señala.
De cara a los próximos meses, el escenario apunta a mayor cautela. “Vemos un mercado que podría entrar en una fase de mayor prudencia en el corto plazo. Sin embargo, también existen oportunidades en aprovechar las condiciones actuales y los incentivos disponibles, que hoy están incidiendo directamente en el acceso a la vivienda”, concluye.