
Mejor acceso al financiamiento, precios aún competitivos y proyectos bien conectados explican el repunte de las compras de primera vivienda. Cerrillos, Puente Alto y La Florida lideran el crecimiento.
Por: Tomás Rodríguez Botto
El mercado inmobiliario chileno comenzó el 2025 con una señal clara de reactivación desde un segmento clave: los compradores menores de 30 años. De acuerdo con datos analizados por Transsa, las ventas asociadas a este grupo etario crecieron un 13% en comparación con el año anterior, consolidando una tendencia que venía tomando forma desde 2023, pero que este año muestra un impulso más marcado.
El fenómeno se concentra principalmente en comunas del Gran Santiago con buena conectividad y valores de entrada más accesibles. Cerrillos destaca como el caso más llamativo, al prácticamente duplicar su volumen de ventas en este segmento.
A ella se suman Puente Alto, La Florida, Estación Central y Maipú, zonas donde predominan proyectos orientados a primera vivienda, con precios entre 1.500 y 4.000 UF y tipologías funcionales para compradores jóvenes.
“El comprador joven hoy toma decisiones mucho más informadas. Busca sectores con potencial de crecimiento, buena infraestructura y precios que todavía resultan competitivos dentro del mercado”, explica Esteban Jara, subgerente del área de estudios de Transsa.
Uno de los factores clave detrás de este repunte ha sido la mejora en las condiciones de acceso al financiamiento. El uso intensivo del programa estatal Fogaes —que entrega garantía para la compra de la primera vivienda—, junto con estrategias comerciales como el pago del pie en cuotas y mejores expectativas sobre la evolución de las tasas hipotecarias hacia el segundo semestre, ha permitido que muchos jóvenes vuelvan a considerar la compra como una opción viable.
En cuanto a las preferencias, los departamentos bajo las 2.500 UF continúan liderando la demanda, seguidos por casas económicas ubicadas en comunas con polos de expansión urbana y nuevos corredores de transporte. Se trata, en su mayoría, de una demanda final, orientada a la estabilidad habitacional y la proyección de largo plazo, más que a objetivos especulativos.