
Un informe de la organización Tejido Urbano, revela que el 73% de los hogares urbanos presenta al menos una problemática habitacional, desde falta de servicios básicos hasta dificultades de acceso a la vivienda.
Por Tomás Rodríguez Botto
La crisis habitacional en Argentina alcanza una dimensión estructural. De acuerdo con un reciente informe de la organización Tejido Urbano, en base a datos del censo 2022, más de 10,7 millones de hogares urbanos —equivalentes al 73% del total— presentan algún tipo de déficit, ya sea por condiciones materiales, falta de servicios o dificultades de acceso a la vivienda.
El análisis no solo determina la magnitud del problema, sino que también identifica múltiples factores que lo explican. Entre ellos, destacan la falta de acceso a servicios básicos como agua potable y saneamiento, que afecta a 5,6 millones de hogares, así como la irregularidad en la tenencia de la vivienda, presente en otros 5,4 millones.
A estas condiciones se suman situaciones de precariedad más críticas, como el hacinamiento, las viviendas irrecuperables o la convivencia de múltiples hogares en una misma unidad. En conjunto, estas problemáticas configuran un escenario donde más de un millón de hogares requiere directamente una nueva vivienda, debido a condiciones incompatibles con una habitabilidad adecuada.
El informe también pone en evidencia que una parte significativa del déficit se concentra en viviendas existentes que podrían ser mejoradas. Cerca de 7,4 millones de hogares presentan carencias vinculadas a materiales deficientes, falta de infraestructura o inseguridad jurídica sobre la propiedad. En estos casos, las soluciones no necesariamente pasan por la construcción de nuevas unidades, sino por intervenciones focalizadas que permitan elevar los estándares de habitabilidad.
Otro fenómeno relevante es el crecimiento sostenido del arriendo como forma de acceso a la vivienda. Actualmente, más de 3 millones de hogares viven en esta condición, lo que representa un 21% del total con problemas habitacionales. Aunque no implica necesariamente un déficit material, el informe advierte que refleja barreras estructurales para acceder a la propiedad, especialmente en un contexto económico inestable.
A nivel territorial, la problemática también se expresa en la calidad del entorno urbano. Al menos 1,2 millones de familias residen en barrios con déficit estructurales —como asentamientos o villas— donde la falta de infraestructura, servicios y planificación urbana agrava las condiciones de vida.
El diagnóstico plantea un desafío complejo: el déficit habitacional no responde a una única causa ni admite soluciones homogéneas. Por el contrario, requiere políticas diferenciadas que combinen construcción de viviendas, mejoramiento del stock existente, inversión en infraestructura y mecanismos de acceso al financiamiento.
En ese contexto, el informe concluye que la clave está en abordar el problema de manera integral, considerando tanto las condiciones físicas de las viviendas como las dinámicas económicas y sociales que limitan el acceso a un hábitat adecuado.