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8 abril, 2026 /

Sin personas no hay innovación ni transformación tecnológica

Por: Erwin Navarrete, gerente de Construye2025

Durante años, en la construcción hemos repetido conceptos que hoy parecen incuestionables: productividad, sustentabilidad, industrialización, transformación digital. Todos son necesarios y urgentes, pero hay una verdad más incómoda que todavía no abordamos con la suficiente seriedad, y es que el sector, no podrá modernizarse de verdad si no invierte en su capital humano.

La construcción enfrenta una señal de alerta evidente. Su fuerza laboral envejece, disminuye la participación de jóvenes y la industria ha perdido capacidad de atraer nuevos talentos. Esa combinación no solo amenaza la disponibilidad de mano de obra, sino que también compromete la posibilidad de incorporar innovación, adoptar nuevas tecnologías y sostener cambios estructurales en el tiempo.

Porque conviene decirlo con claridad: no hay digitalización posible sin personas preparadas para implementarla. No hay industrialización posible sin nuevas competencias. No hay productividad sostenible si el sector sigue entendiendo el capital humano como un problema secundario o meramente operativo.

Durante demasiado tiempo hablar de formación fue casi sinónimo de cumplimiento, mientras hablar de certificación quedó muchas veces reducido a exigencias normativas, pero hoy eso ya no alcanza. La capacitación y la certificación deben ser entendidas como herramientas estratégicas para elevar la empleabilidad, profesionalizar oficios, reducir brechas y darle al sector una base más sólida para enfrentar un futuro más productivo.

Tampoco se trata solo de formar más, sino de formar mejor, con pertinencia y visión de largo plazo, para que junto con reconocer algo que en la construcción muchas veces ha sido invisibilizado, el enorme valor del saber hacer, sea la experiencia, el oficio y las competencias adquiridas en terreno, lo que también construyen productividad, calidad y seguridad.

Hay, además, una segunda discusión que no puede seguir postergándose: la inclusión. Si el sector necesita ampliar su base de talentos, entonces atraer más mujeres y más jóvenes no es únicamente una consigna de equidad, es una necesidad productiva. Es parte de la respuesta frente a la escasez de mano de obra calificada y frente a los desafíos que impone una industria cada vez más exigente.

La construcción chilena necesita una conversación profunda sobre su futuro y esa conversación debe partir por una certeza simple, que ninguna transformación será sostenible si no está apoyada en personas mejor preparadas, más reconocidas y con mayores oportunidades de desarrollo.

Modernizar el sector no es sólo cambiar tecnologías o procesos, es también, recuperar su capacidad de convocar talento.

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