
Aunque construyó su candidatura defendiendo el control de arriendos y un modelo de vivienda social inspirado en ciudades como Viena, el alcalde de Nueva York presentó un plan que dependerá en gran medida de la inversión privada para aumentar la oferta habitacional y renovar el deteriorado parque de vivienda pública.
Por Leonardo Núñez
La crisis de acceso a la vivienda en Nueva York se ha convertido en uno de los principales desafíos para la próxima administración de Zohran Mamdani. El alcalde, identificado con posiciones progresistas y una fuerte agenda de regulación del mercado inmobiliario, ha comenzado a delinear una estrategia que combina intervención pública y participación privada para enfrentar el déficit habitacional de la ciudad.
Durante su campaña, Mamdani propuso medidas como el congelamiento de los arriendos regulados y la creación de un amplio sistema de vivienda social inspirado en experiencias internacionales como Viena y Singapur. Sin embargo, la magnitud de las necesidades de inversión y las limitaciones presupuestarias de los gobiernos local y federal han llevado a su equipo a incorporar un rol más activo para los desarrolladores inmobiliarios.
Su nuevo plan contempla inversiones por cerca de US$ 22.000 millones (unos $20.131.320.000.000 millones de pesos chilenos, destinadas a ampliar la oferta habitacional y enfrentar los problemas estructurales del sistema de vivienda pública de Nueva York, que acumula un déficit de mantenimiento estimado en US$ 80.000 millones.
Analistas del mercado coinciden en que el éxito de la iniciativa dependerá de la capacidad de generar incentivos suficientes para atraer capital privado. En Estados Unidos, la construcción de vivienda asequible ha descansado crecientemente en asociaciones público-privadas, especialmente ante la disminución de los recursos federales destinados a vivienda social durante las últimas décadas.
Uno de los principales focos de debate sigue siendo la propuesta de congelar los precios de los arriendos regulados. La medida podría afectar a cerca de un millón de departamentos, equivalentes a casi la mitad del parque de viviendas en arriendo de la ciudad.
Según especialistas, mantener congelados los ingresos por arriendo durante varios años podría agravar el deterioro de parte de este stock habitacional, particularmente en edificios antiguos ubicados fuera de Manhattan. Por otro lado, expertos sostienen que las medidas serían insuficientes para resolver los desafíos estructurales del segmento de vivienda regulada.
El caso de Nueva York refleja un debate cada vez más presente en las grandes ciudades: cómo equilibrar la protección de los arrendatarios con la necesidad de incentivar nuevas inversiones. Para Mamdani, la respuesta parece transitar por una fórmula híbrida que combine regulación, vivienda pública y participación privada.