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30 agosto, 2025 /

Arquitectura: La complejidad de lo simple

Por: Marianne Küpfer, socia de la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales y de René Lagos Engineers.

En un mundo saturado de información y con un avance tecnológico acelerado, es fácil perder de vista la importancia de lo esencial. En medio de esta sobreestimulación, diseñar desde la simplicidad —aquello que nos resulta instintivo, lógico y eficiente— se vuelve en ocasiones paradójicamente complejo.

En la búsqueda de estar a la vanguardia en el uso de herramientas tecnológicas, de alcanzar metas que antes parecían imposibles, o de exhibir logros significativos y soluciones visualmente impactantes, el diseño de las edificaciones que habitamos se aleja a veces de lo simple, complejizando la labor del ingeniero estructural y encareciendo los costos de un proyecto.

Desde la perspectiva estructural, un diseño eficiente parte del principio básico de que las cargas deben viajar por el camino más directo hacia el suelo. Tener presente el Camino de las Cargas (The Load Path), no es solo una abstracción técnica; es la base para lograr edificaciones más económicas, seguras y perdurables. Así como un vehículo consume más combustible al desviarse de su ruta óptima, una estructura con irregularidades o soluciones innecesariamente complejas “paga” su precio por ello.

Hoy en día en que el mercado demanda mejorar la productividad de la construcción, reduciendo costos en materiales, mano de obra y mantenimiento, apuntando a la ejecución de obras más sostenibles y resilientes, la eficiencia estructural debe verse como un pilar fundamental del buen diseño arquitectónico.

Una arquitectura simple no significa renunciar a la estética ni a la funcionalidad. Muy por el contrario, lograr una forma arquitectónica que sea bella, habitable y estructuralmente eficiente es un verdadero acto de maestría. En particular cuando esta se desarrolla en espacios acotados y con condiciones comerciales exigentes, donde el mandante espera altos niveles de rentabilidad, flexibilidad y valor agregado en el producto final.

El desafío está en concebir espacios que inspiren y emocionen, sin perder de vista que toda edificación debe sustentarse sobre una base estructural racional, clara y bien resuelta.

Es de esa relación de complicidad, que existe entre la arquitectura y la ingeniería estructural, en donde la complementariedad de las partes y el permanente intercambio de conocimiento e ideas con un fin común, culmina en una relación a través de la cual se concibe el proyecto perfecto, como un hijo amado que refleja lo mejor de sus padres: la belleza de la arquitectura y la solidez de la ingeniería estructural.

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