
Por: Carla Quiroga, analista y Co-founder & CEO de 122 Homes
Durante años, el valor inmobiliario se explicó a partir de variables tradicionales como la ubicación, los metros cuadrados y el precio. Hoy se consolida una dimensión adicional que el mercado comienza a reconocer con mayor claridad, vinculada a la calidad del activo en un sentido más amplio. La belleza, la arquitectura y la experiencia pasan a incidir directamente en la rentabilidad.
Este cambio tiene efectos concretos. En el mercado de arriendo, ciertas tipologías logran mantenerse en torno a los 1.700 euros mensuales, incluso cuando su valor de adquisición se ubica entre 400.000 y 500.000 euros. Cuando ese mismo activo es trabajado estratégicamente, integrando diseño, posicionamiento, una operación de alto estándar y una narrativa coherente, las rentas pueden acercarse a los 3.500 euros. Se trata de una transformación en la forma en que se construye el retorno.
La creación de valor sigue trayectorias distintas según el tipo de activo, su ubicación y el uso proyectado. Existen intervenciones que logran capturar diferenciales significativos y otras que no alcanzan el mismo resultado. Del mismo modo, hay barrios con mayor capacidad de absorber este valor. La clave está en identificar con precisión qué activos tienen un potencial real de reposicionamiento.
Esta lógica también se expresa en los precios. En Madrid, determinadas tipologías y zonas han experimentado aumentos relevantes en un período breve. Unidades que hace dos años se transaban entre 500.000 y 600.000 euros hoy superan los 800.000. Este comportamiento refleja una preferencia del mercado por activos capaces de sostener valor en el tiempo.
El fenómeno ya se encuentra consolidado en esa ciudad y continúa expandiéndose. Proyectos como Canalejas han contribuido a revalorizar entornos completos, impulsando alzas de entre 30% y 40% y redefiniendo zonas enteras.
En Santiago, este proceso comienza a tomar forma. La reconversión del edificio de la Bolsa de Comercio impulsada por Territoria, junto con iniciativas de rehabilitación en el barrio París-Londres, muestran señales en esa dirección, aunque aún en una etapa inicial.
El factor tiempo adquiere un rol decisivo. Se trata de activos finitos, imposibles de replicar y con un stock limitado, lo que vuelve su acceso cada vez más selectivo.
La velocidad con que se toman decisiones también cambia. Quienes logran identificar estas oportunidades tempranamente acceden a mejores condiciones en un segmento donde la demanda tiende a concentrarse en activos bien trabajados, con valor patrimonial y mayor capacidad de adaptación.
En este contexto, la belleza deja de ser un atributo abstracto y pasa a operar como una variable económica. Su impacto se refleja en la transformación de activos y, en una escala mayor, en la forma en que se construye ciudad.