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25 abril, 2026 /

La paradoja inmobiliaria: ¡Lo estamos haciendo pésimo!

Por: Cornelio Saavedra y Nicolás Gonzalez | Co-Founder LIDZ.ai

Mientras el sector se prepara para celebrar un aumento de ventas, la encuesta Cadem lanzó una advertencia clara: en experiencia de cliente, somos lejos los peores. Es el momento de cambiar la historia.

Nos enfrentamos a una paradoja tan interesante como incómoda. Según la última encuesta Cadem 5C, la experiencia de cliente del sector inmobiliario ocupa el peor lugar entre las industrias evaluadas. Sin embargo, las proyecciones celebran un crecimiento interanual en ventas y una reactivación impulsada por tasas hipotecarias que han retrocedido bajo el 4%.

La pregunta cae de cajón: ¿cómo proyectamos vender más, cuando el cliente nos valora tan poco? La respuesta es estructural: no ponemos al cliente en el centro. Somos una de las últimas grandes industrias estructuradas exclusivamente desde la oferta. Mientras el retail o la banca se adaptaron a lo que la gente pide, las inmobiliarias seguimos operando al revés: compramos terrenos mirando una planilla y diseñamos proyectos copiando lo que más se vende, sin indagar en lo que el usuario realmente busca o necesita.

Por eso la gente nos compra, pero no nos disfruta. El cliente de 2026 adquiere su vivienda por resguardo patrimonial o urgencia, aprovechando el stock acumulado y mejores dividendos. Lo hace a pesar del proceso, que sigue siendo una agobiante carrera de obstáculos burocráticos donde el comprador rara vez sabe qué pasos seguir.

En un mundo que transacciona en milisegundos, es inaceptable que nuestro estándar de respuesta sea de 60 horas. Mientras el 78% de los chilenos percibe la economía estancada, no podemos seguir atrincherados en salas de venta esperando que el cliente “llegue solo” por ver un cartel en la calle. Eso no es estrategia; es complacencia.

Pero aquí radica nuestra mayor oportunidad. Reconocer este diagnóstico no debe paralizarnos, sino movilizarnos. Tenemos la tecnología, el talento y un mercado dándonos un respiro para hacer las cosas distinto. El 2026 debe ser el año en que dejemos de ser simples “constructores de metros cuadrados” para convertirnos en “facilitadores de calidad de vida”.

Si usamos los datos para diseñar espacios que resuelvan dolores reales y transformamos un trámite estresante en una  experiencia fluida y empática, no solo venderemos más; lograremos que nuestros clientes nos recomiendan y nos valoren. El futuro del sector es brillante, siempre y cuando decidamos empezar a construirlo junto a las personas.

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