
El mercado inmobiliario estadounidense comenzó el año con una caída de 8,4% en las ventas de viviendas usadas. Los altos precios y la escasa oferta siguen frenando la actividad, pese a la leve mejora en las tasas hipotecarias y en la capacidad de compra de los hogares.
Por Tomás Rodríguez Botto
El mercado de la vivienda en Estados Unidos sigue enfrentando un escenario complejo. Los altos precios, la falta de viviendas disponibles y una menor confianza de los consumidores continúan afectando la actividad.
Para la Asociación Nacional de Realtors (NAR), el momento actual refleja un problema estructural que mantiene al sector con bajo dinamismo. Su economista jefe, Lawrence Yun, ha advertido que la combinación de escasa oferta y altos costos está generando una situación similar a una nueva crisis inmobiliaria.
Durante enero las ventas de viviendas usadas cayeron 8,4% en comparación con diciembre, alcanzando una tasa anual de 3,91 millones de unidades. En términos interanuales la disminución fue de 4,4%, marcando el nivel más bajo desde diciembre de 2023 y el mayor retroceso mensual desde 2022.
Estas cifras corresponden a operaciones cerradas en meses previos, cuando las tasas hipotecarias se mantenían elevadas. Actualmente, el crédito muestra un leve alivio: la tasa fija a 30 años se ubica en torno al 6,1%, por debajo de la registrada hace un año. La caída de las ventas fue generalizada en todo el país, con descensos más marcados en el sur y el oeste, reflejando un enfriamiento extendido del mercado.
Pese a algunas mejoras en la asequibilidad —impulsadas por el crecimiento de los salarios y una baja en las tasas—, la falta de viviendas disponibles sigue siendo el principal obstáculo. En enero había cerca de 1,22 millones de propiedades en venta, lo que equivale a solo 3,7 meses de oferta, muy por debajo de los seis meses considerados como un nivel equilibrado.
Esta escasez continúa presionando los precios. El valor medio de una vivienda vendida en enero alcanzó los 396.800 dólares, el más alto registrado para ese mes. Al mismo tiempo, las propiedades tardan más en venderse: el plazo promedio subió a 46 días, reflejando un mercado más lento y selectivo.
Por segmentos el comportamiento fue desigual. Las ventas de viviendas sobre el millón de dólares fueron las únicas que mostraron crecimiento, mientras que las propiedades más económicas registraron las mayores caídas. En conjunto, el panorama muestra un mercado con baja movilidad, oferta ajustada y un acceso que sigue siendo complejo para una parte importante de los compradores en Estados Unidos.