
Por: Alfredo Morate, Gerente General de Schindler para Chile y Uruguay.
Las ciudades no son la suma de sus edificaciones, sino más bien, la suma de las experiencias humanas. Se construyen a partir de los trayectos diarios, el acceso a oportunidades, la calidad de los espacios públicos y la capacidad de las personas para conectarse con sus comunidades. Por eso, al pensar el futuro del sector inmobiliario, la pregunta ya no es solo qué construir, sino para qué y para quién.
Durante décadas, la industria inmobiliaria se enfocó principalmente en desarrollar activos, optimizar superficies y maximizar la rentabilidad de los proyectos. Sin embargo, los cambios demográficos, la transformación de los modelos de trabajo, las exigencias de sostenibilidad y las nuevas expectativas de los ciudadanos están redefiniendo lo que entendemos por una buena ciudad.
Esta visión ha sido recientemente reforzada por el debate impulsado en torno a la mixtura urbana por la Conferencia Internacional de Ciudad 2026 y, el Estudio de Mixtura Urbana de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), que destacan la importancia de acercar vivienda, trabajo, servicios y equipamiento, para reducir desplazamientos y mejorar la calidad de vida.
La ciudad del futuro no se diseñará desde silos. Desarrolladores, inversionistas, operadores, autoridades, urbanistas y empresas tecnológicas deberemos actuar como parte de un mismo ecosistema. La conectividad será fundamental, no solo en términos digitales, sino también, como la capacidad de vincular personas con oportunidades y comunidades con espacios de desarrollo.
La tecnología es ya una gran habilitadora de este proceso. Datos, inteligencia artificial y edificios inteligentes, permitirán comprender mejor las necesidades de los usuarios y optimizar la gestión urbana, pero la innovación solo tendrá sentido si contribuye a una experiencia humana más simple, segura y sostenible.
El desafío del ecosistema inmobiliario ya no consiste únicamente en construir más ciudad. Consiste en construir mejor vida urbana. Para lograrlo, necesitamos evolucionar desde proyectos aislados hacia ecosistemas integrados, colaborativos y centrados en las personas.
Cierro con una pregunta: ¿Las modificaciones recientes a la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC), y sus normativas asociadas, contribuirán a construir más ciudad o mejor vida urbana?. Solo se sabrá con el tiempo.