
Por: Cristián Martínez, fundador de Crece Inmobiliario, Ingeniero Comercial, Magister en Administración de Empresas de IEDE y Master de Administración de Empresas en la Universidad de LLeida.
Los elevados precios de la vivienda, especialmente en sectores urbanos más privilegiados, están transformando algunos elementos dentro del mercado inmobiliario. En este escenario, los cambios en las dinámicas laborales han propiciado el auge de dos modelos que están reconfigurando nuestra forma de habitar y trabajar: el coliving y el coworking.
De una simple estrategia para compartir gastos entre estudiantes, ahora el coliving ha evolucionado en un modelo de vivienda compartida, con tintes un poco más sofisticados. Ya no se habla de lo que antaño se conocía como la “residencial”, donde pernoctaban estudiantes universitarios provenientes de distintos lugares del país, sino que ahora es un concepto más profesional, donde se arrienda una habitación privada, mientras se comparten espacios comunes. Parecen similares, pero no lo son.
Lo que diferencia al coliving moderno es precisamente la calidad y variedad de estos espacios compartidos: cocinas equipadas, salas de estar confortables, áreas de trabajo funcionales, gimnasios e incluso terrazas, en un modelo que promueve activamente la interacción social, mientras ofrece una solución habitacional a precios mucho más accesibles, con mayor flexibilidad contractual y en barrios más acomodados.
Este formato está ganando terreno rápidamente en Chile por varias razones fundamentales: En primer lugar, los precios inmobiliarios en ubicaciones deseables han alcanzado niveles prohibitivos para muchos; Por otro lado, existe una creciente demanda de opciones más flexibles, especialmente entre jóvenes profesionales que no desean comprometerse a largo plazo con una ubicación específica: Y, por último, el costo de implementación es considerablemente más bajo para los habitantes, ya que no necesitan equipar completamente una vivienda. Ahora bien, en esto el componente social juega un papel fundamental, satisfaciendo la necesidad de conectar con otros.
En paralelo con lo anterior, la otra tendencia que ha ido al alza es el coworking, el cual ha revolucionado la concepción del espacio laboral. Ya no es necesario alquilar una oficina completa con todos los costos asociados que esto implica, dado que este modelo permite a profesionales independientes, pequeñas empresas y hasta corporaciones, acceder a espacios laborales bien equipados por una fracción del costo al que tradicionalmente estos espacios se encuentran en el mercado.
El perfil del usuario típico de estos espacios está claramente definido. Suelen ser profesionales jóvenes en etapas tempranas o intermedias de carrera, con alta valoración de la flexibilidad y la interacción con otros, quienes priorizan la ubicación y la calidad del espacio, por sobre la propiedad en sí.
Ambos fenómenos descritos comparten puntos de unión: optimizar recursos generando espacios compartidos de calidad superior a los que podrían acceder individualmente, privilegiar la interacción social entre personas que inicialmente no se conocen, creando comunidades basadas en intereses o estilos de vida similares, y responder a la necesidad de reducir costos sin sacrificar calidad o ubicación.
Para los inversionistas inmobiliarios estos modelos pueden parecer pasajeros, pero atención. Este tipo de transformaciones hay que tenerla en la mira, dado que también, pueden ser oportunidades de diversificación y rentabilidad.