
Ante la incertidumbre económica, el beneficio está posicionando a la nación como un nuevo refugio para capitales internacionales.
Por Leonardo Núñez
Con una oleada de millonarios estadounidenses, chinos y hongkoneses interesados en establecerse en un entorno seguro, estable y exclusivo, Nueva Zelanda ha reactivado su apuesta por atraer grandes patrimonios.
Desde abril, el país ha recibido cerca de 200 solicitudes a través del programa Active Investor Plus (AIP), una nueva “golden visa” que ya está impactando el mercado inmobiliario de lujo y posicionando a la nación como un nuevo refugio para capitales internacionales.
Aunque el AIP no contempla directamente la inversión en propiedades residenciales, los extranjeros que obtienen la residencia pueden adquirir viviendas para uso propio. Esto podría dinamizar notablemente el segmento de propiedades de alto valor en ciudades como Auckland, Queenstown y Wellington, según los analistas del sector.
El AIP contempla dos modalidades: una inversión mínima de US$ 3 millones, mantenida por tres años y con una estadía obligatoria de apenas 21 días en ese periodo; o una inversión de 6 millones de dólares durante cinco años, con un requisito de permanencia de 105 días. Ambas opciones ofrecen residencia permanente, incluyendo el derecho a vivir, estudiar y trabajar en el país.
“Se trata de personas con un alto patrimonio neto que valoran el estilo de vida relajado de Nueva Zelanda y buscan mudarse de forma definitiva con sus familias”, explicó Dominic Jones, director general de Greener Pastures, a los medios de prensa internacional.
Las expectativas apuntan a un crecimiento de hasta 25 transacciones adicionales al año por viviendas de más de US$3,7millones, lo que casi duplicaría el promedio habitual de operaciones de lujo en el país.
Según Kashif Ansari, director ejecutivo del grupo inmobiliario Juwai IQI, el efecto será focalizado: “La compra de viviendas se limitará a fincas rurales y propiedades en los barrios más exclusivos y cercanos a servicios de alto nivel, como colegios internacionales”. Los sectores de mayor demanda serán las zonas portuarias de Auckland, seguidas de Wellington y Queenstown.
Pese a su ubicación remota, Nueva Zelanda ofrece alta seguridad, buena educación, sistema de salud robusto y un entorno natural privilegiado, lo que atrae a familias que priorizan calidad de vida sobre conectividad global. Sin embargo, su lejanía sigue siendo una barrera para algunos, especialmente para quienes tienen hijos en edad escolar o negocios multinacionales.
La estrategia de Nueva Zelanda difiere de la de otros países, que están restringiendo o eliminando este beneficio, presionados por críticas sobre su impacto en el mercado inmobiliario y riesgos de lavado de dinero. Entre ellos están Irlanda, que eliminó su programa en 2023, citando preocupaciones éticas y de transparencia.
Portugal,por su parte, restringió severamente su “golden visa”, excluyendo la compra de viviendas en zonas urbanas tensionadas. Grecia, en tanto, elevó a 800.000 euros la inversión mínima en inmuebles en áreas clave como Atenas, para enfriar el sobre-calentamiento del mercado.
Entre las grandes economías, Reino Unido cerró su esquema en 2022 por preocupaciones sobre seguridad nacional y orígenes dudosos de fondos, especialmente tras la guerra en Ucrania, mientras que España se encuentra en proceso de eliminar su visado dorado, argumentando su impacto negativo en el acceso a la vivienda para los residentes locales.