
Por: Erwin Navarrete, gerente de Construye2025.
Durante décadas, la industria de la construcción en Chile convivió con una paradoja: es uno de los sectores más relevantes en empleo e inversión, pero con bajo crecimiento en productividad. El debate fue largo y las soluciones escasas. En los últimos diez años decidimos cambiar la lógica para pasar del diagnóstico a la medición.
Hoy contamos con evidencia concreta. Las empresas que implementaron sistemas de medición y planificación estructurada aumentaron hasta 17% su productividad. No es una declaración optimista; es el resultado de medir 74 obras y 25 empresas bajo un índice común.
La experiencia demuestra algo simple, y es que lo que no se mide, no mejora. Pero medir no basta, dado que se requiere industrialización, estandarización y digitalización. Por eso el programa movilizó US$30 millones en sus primeros cuatro años e impulsó iniciativas inéditas como el subsidio de US$2 millones a la planta Baumax, que marcó un antes y un después en la señal de política productiva hacia el sector.
Además, la adopción de BIM casi se duplicó en una década. Eso no ocurre por inercia; ocurre cuando hay coordinación público-privada- académica y estándares comunes.
La construcción enfrenta hoy desafíos mayores: sostenibilidad y resiliencia, eficiencia de recursos y digitalización de la industria. La buena noticia es que el sector ya demostró que puede mejorar. La productividad no es una consigna técnica, es la base para viviendas más accesibles, infraestructura más eficiente y un sector más competitivo.
El aprendizaje es claro: cuando el Estado, el sector privado y la academia se alinean en metas medibles, el cambio deja de ser aspiracional y se vuelve estructural. Ese es el legado que queda instalado.