
Mientras la famosa ciudad apuesta por locomotoras con baterías capaces de operar en tramos sin infraestructura eléctrica, en nuestro país aún no se resuelve cómo dar una solución definitiva al rezago ferroviario
Por Leonardo Núñez
En un movimiento que podría redefinir la movilidad ferroviaria en contextos urbanos e interurbanos, la Autoridad Metropolitana de Transporte de Nueva York (MTA) anunció la incorporación de la primera locomotora de pasajeros completamente eléctrica con batería del país.
El tren, fabricado por Siemens Mobility, operará en trayectos sin necesidad de cables eléctricos aéreos, lo que permite sortear los altos costos de infraestructura asociados a la electrificación tradicional de vías.
Según informó el portal Smart Cities Dive, la iniciativa busca avanzar hacia un sistema de transporte más limpio y silencioso, especialmente útil en túneles o zonas densamente pobladas donde la instalación de cables puede ser inviable o demasiado costosa.
El modelo, llamado Charger BESS (siglas en inglés para Sistema de Batería de Almacenamiento de Energía), será probado este año en el Long Island Rail Road. La locomotora (cuya imagen acompaña esta nota) puede operar tanto conectada a la red como de forma completamente autónoma gracias a sus baterías recargables. Esto le da una ventaja significativa frente a los trenes diésel y plantea una solución concreta para rutas donde la electrificación completa aún es inviable.
En nuestro país, más del 85% de las rutas ferroviarias siguen sin electrificación. El sistema de trenes ha vivido una paulatina reactivación, con proyectos como el tren Santiago–Melipilla o el Biotrén en el Gran Concepción, pero el debate sobre qué tipo de electromovilidad es más adecuada sigue abierto.
Según el Ministerio de Transportes y EFE, gran parte de las futuras inversiones se concentran en trazados urbanos o suburbanos, con altos costos asociados a la instalación de cables eléctricos aéreos. En ese contexto, la adopción de trenes eléctricos con batería podría ser una alternativa viable, especialmente para rutas medias o rurales, donde los costos de infraestructura suelen frenar el desarrollo ferroviario.
Además, Chile ha mostrado avances en electromovilidad en el ámbito del transporte público, con más de 2.000 buses eléctricos operando en Santiago. Sin embargo, el ferrocarril continúa siendo el gran pendiente de la transición energética.