
Por: Andrea Díaz, Gerente de Marketing y Directora MI Mujeres Inmobiliarias.
El desarrollo de un país siempre estará íntimamente ligado a la vivienda y la creación de ciudad. No importa si hablamos de Chile, Bolivia o cualquier otra economía: la forma en que gestionamos nuestros espacios urbanos define no solo la calidad de vida de las personas, sino también, la capacidad de una nación para proyectarse hacia el futuro.
Visitar Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, me permitió ver en terreno cómo, incluso en contextos adversos, hay regiones que no detienen su impulso. Es imposible ignorar la complejidad política y económica que vive el país, donde muchas veces la falta de apoyo gubernamental frena el crecimiento de industrias clave, como la inmobiliaria y la construcción. Sin embargo, la respuesta que observé en Santa Cruz fue exactamente la opuesta a la resignación: ante la adversidad, buscan cómo seguir creciendo.
Santa Cruz representa más del 32% del PIB boliviano y concentra la mayor parte de la limitada inversión extranjera directa existente en el país. Su expansión urbana es un fenómeno sólido, donde las urbanizaciones, edificios de altura y nuevos desarrollos continúan avanzando pese a los desafíos. Entre 2020 y 2023 se construyeron más de 50 edificios de más de 10 pisos, y la vacancia de inmuebles es inferior a la media de la región, lo cual refleja una demanda real, no especulativa.
Lo que hace la diferencia de este mercado no es solo su crecimiento en metros cuadrados, sino la conciencia de que en un entorno de desconfianza hacia las instituciones y las empresas, solo la transparencia y la calidad marcan el valor agregado. Es decir, no se trata solo de vender proyectos, sino de construir relaciones de largo plazo con clientes cada vez más exigentes.
La Cámara Boliviana de Desarrolladores Inmobiliarios (CBDI), entiende muy bien este desafío. No solo está impulsando herramientas como el Índice de Costos de Construcción de Vivienda adaptado al contexto boliviano, sino que promueve una visión de desarrollo donde la eficiencia, la transparencia y la mejora continua son las bases para fortalecer la industria.
Lo que más me llamó la atención es cómo, incluso en un contexto complejo, los desarrolladores están convencidos de que entregar un mejor producto y servicio no es un lujo, sino la mejor inversión estratégica. Cada proyecto, cada urbanización, cada edificio, es una apuesta consciente por hacer ciudad, generar empleo y aportar valor al país.
Santa Cruz, Bolivia me dejó una enseñanza profunda: la creación de ciudad no depende únicamente de las condiciones macroeconómicas o las políticas gubernamentales. Depende de la visión y el compromiso de los actores locales. Ante un entorno adverso, la verdadera ventaja competitiva está en la capacidad de seguir creciendo, de hacer las cosas mejor, de ser un referente.
Por eso, más allá de las cifras de crecimiento o de los metros cuadrados construidos, lo que realmente destaca es la actitud de su gente: calidez, hospitalidad, resiliencia y un compromiso inquebrantable con el futuro, aun cuando el contexto parezca jugar en contra.