
Por: Alejandra Tapia, coordinadora de Sustentabilidad de Construye2025.
La economía circular en la construcción ya no es una alternativa, sino una urgencia y, al mismo tiempo, una oportunidad histórica para transformar estructuralmente nuestra industria. Con ese objetivo, hemos trabajado por más de una década para avanzar hacia un modelo de desarrollo donde los residuos dejen de ser vistos como un problema y pasen a convertirse en recursos y oportunidades.
Miramos al 2035 con una meta clara: que al menos el 70% de los residuos de construcción y demolición (RCD) sean valorizados; que el 100% de las licitaciones públicas y privadas exijan gestión sustentable de residuos; y que todas las regiones cuenten con infraestructura para la valorización de distintos tipos de RCD. Este es un escenario posible, pero solo si activamos los habilitantes adecuados.
Hemos identificado 11 medidas concretas: seis dirigidas al sector público y cinco al privado y la academia. Las propuestas incluyen, por ejemplo, la incorporación de planes de gestión de residuos en los permisos de edificación, mejoras en los permisos y procesos de demolición, permisos temporales de acopio, y modelos de concesión para plantas de reciclaje. En el ámbito privado, hablamos de reutilización adaptativa, flipping inmobiliario, auditorías previas a la demolición y plataformas digitales para trazabilidad de materiales.
Estas iniciativas no son ideas abstractas: están inspiradas en buenas prácticas nacionales y modelos europeos que han demostrado ser eficaces. Experiencias como las de Casablanca y Melipeuco, donde se han reutilizado materiales, por ejemplo, el fresado del asfalto en caminos secundarios, prueban que la simbiosis industrial no solo es posible, sino que puede escalarse en todo el país.
Pero para avanzar, no basta con regulaciones. Necesitamos una gobernanza transversal, que reúna al sector público, privado, la academia y la sociedad civil. La experiencia de los programas Transforma de Corfo ha demostrado que cuando hay un orquestador neutro, con visión de largo plazo y compromiso territorial, los cambios se materializan. La Red de Economía Circular de la Construcción (Red ECC) recoge esa experiencia y la proyecta a nivel territorial.
La circularidad no es solo una estrategia ambiental: es una estrategia económica, social y cultural. Para consolidar una industria sin desechos ni pérdidas, debemos anticipar desde el diseño cómo los materiales volverán al ciclo productivo, generar incentivos claros, cerrar brechas normativas y habilitar nuevos modelos de negocio.
Chile tiene una oportunidad real de liderar en la región en materia de construcción circular. Pero para ello, necesitamos acción decidida, inversión y colaboración. Los habilitantes están sobre la mesa. Ahora es el momento de activarlos.