
A partir del Manual Minvu–IC sobre edificaciones en laderas de dunas y maicillos, expertos llaman a reforzar estudios de suelo, drenajes, protección de taludes, inspección y mantención preventiva para reducir riesgos asociados a lluvias intensas, erosión y socavones.
Por Redacción EDI
Frente a los recientes socavones, cortes de rutas, activación de quebradas y afectaciones provocadas por el sistema frontal que impactó a distintas zonas del país, especialistas que participaron en el Manual de Recomendaciones de Diseño y Construcción de Edificaciones en Laderas de Dunas y Maicillos llamaron a incorporar con mayor fuerza la gestión del agua en el diseño, construcción, inspección y mantención de obras emplazadas en suelos erosionables.
El documento, lanzado en 2025 por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, editado por la DITEC y desarrollado técnicamente por un comité de especialistas en el Instituto de la Construcción, entrega recomendaciones para obras en laderas de dunas y maicillos, abordando exploración geotécnica, fundaciones, drenajes, canalizaciones, estabilidad de laderas, inspección, mantención y reparación.
De acuerdo con Michel Kure, ingeniero civil y presidente del Comité que desarrolló el Manual, uno de los principales aprendizajes es que las lluvias no deben ser tratadas solo como un problema hidráulico.
“En laderas de dunas y maicillos, las precipitaciones pueden transformarse también en un problema geotécnico, constructivo y urbano. Pueden generar aumento de humedad, erosión superficial, formación de cárcavas, socavación de fundaciones y tuberías, obstrucción de colectores, filtraciones y deslizamientos locales o globales”, explica.
A partir del Manual, los especialistas recomiendan diseñar el manejo del agua de manera integral, considerando captación, conducción, evacuación, disipación y control de infiltraciones. Esto implica no solo dimensionar colectores, sino también proyectar canaletas o cunetas de coronación, bajantes pluviales, canalizaciones cerradas, disipadores de energía y descargas controladas, evitando la infiltración descontrolada y la erosión aguas abajo.
Otra recomendación clave es respetar el drenaje natural del terreno y evitar que la urbanización aumente los caudales descargados hacia sectores bajos o vulnerables. El Manual plantea que las obras deben considerar el funcionamiento de estos sistemas durante todo su período de servicio, incluyendo escenarios de lluvias más intensas asociados a variabilidad climática.
Los especialistas también advierten que una obra en ejecución en laderas de duna o maicillo no debiera quedar expuesta únicamente a la espera del drenaje definitivo. Antes del invierno o frente a pronósticos de lluvia intensa, recomiendan implementar soluciones temporales como cunetas o zanjas provisorias, bajadas controladas, bombeo disponible, protección de taludes recién cortados, disipación en descargas, revisión de fugas e inspección geotécnica posterior a eventos relevantes.
Para Patricia Rodríguez, ingeniera civil y vicepresidenta del Comité, la intervención de laderas exige una evaluación previa y medidas de protección desde etapas tempranas.
“La intervención de una ladera para la construcción de obras de infraestructura requiere siempre de una evaluación de estabilidad local y global del terreno, y de su influencia sobre estructuras existentes o proyectadas”, señala.
Agrega que, a partir de esa evaluación, se deben implementar medidas de estabilización y protección que permitan garantizar el desempeño de las obras tanto durante su ejecución como durante todo su período de servicio.
El Manual también releva la importancia de la mantención preventiva. Entre sus recomendaciones se considera mantener canaletas, fosos, drenajes, sumideros y canales libres de sedimentos, hojas, basura u obstrucciones; revisar ductos y componentes del drenaje; inspeccionar colectores, cámaras y plantas elevadoras; y programar frecuencias de limpieza de acuerdo con el contexto, la sedimentación y el riesgo asociado.
En esa línea, Rodríguez sostiene que una buena práctica es implementar programas de inspección periódica del estado de los sistemas de protección superficial o general de laderas y taludes, porque ello permite tomar medidas de control o reparación a tiempo.
Desde el Instituto de la Construcción se enfatiza que los eventos recientes deben transformarse en aprendizaje institucional y sectorial. El desafío no es detener el desarrollo urbano, sino construir mejor, incorporando desde el inicio estudios de suelo adecuados, modelación hidráulica, diseño coordinado entre especialidades, ejecución rigurosa, inspección técnica y mantención sistemática durante la vida útil de las obras.
Cinco recomendaciones del Manual para obras en laderas y suelos erosionables:
La resiliencia urbana no se improvisa después del temporal: se construye antes, con evidencia, planificación, coordinación técnica y prevención.