
De acuerdo con el análisis de actores del sector, el próximo año estará marcado por mayor racionalidad en la demanda, estabilidad financiera y un foco claro en viviendas de menor valor, entrega inmediata y apoyadas por subsidios.
Por: Tomás Rodríguez Botto
Tras varios años de ajuste, el mercado inmobiliario chileno comienza a delinear un nuevo escenario de cara a 2026. El sector se encamina hacia una recuperación gradual y focalizada, marcada por un cambio en el perfil del comprador, hoy más informado, racional y consciente de las variables financieras que inciden en el acceso a la vivienda.
Felipe García, director Cono Sur de Tinsa by Accumin, sostiene que el período reciente dejó como principal aprendizaje una mayor comprensión por parte de las personas —especialmente para los más jóvenes— respecto de cuándo y cómo comprar una vivienda.
“Estamos en plena transición hacia un cambio de paradigma, marcado por un comprador mucho más informado, con mayor dominio de las variables financieras y una mirada estratégica del financiamiento”, explica. En este contexto, advierte que hablar de “demanda débil” puede ser un error, ya que el verdadero problema estaría en una oferta mal calibrada.
Por su parte, Sergio Novoa, gerente general de BMI Servicios Inmobiliarios, coincide en que la recuperación prevista para 2026 estará liderada principalmente por usuarios finales: “El grueso de la reactivación vendrá de hogares que han postergado su decisión de compra y que, bajo condiciones más estables, volverán a evaluar el acceso a la vivienda propia”, señala.
Así, ambos expertos coinciden en que una tasa hipotecaria en torno al 4%–4,3% en UF no constituye una barrera estructural para el mercado. Más que tasas excepcionalmente bajas, el factor clave será la estabilidad. “El mercado no se reactiva porque el crédito sea barato, sino porque deja de ser prohibitivo”, afirma García.
En cuanto a las variables decisivas para 2026, García plantea que el ajuste dejó de ser macroeconómico para volverse microeconómico y urbano, con foco en ingresos reales, inflación, diseño del producto y políticas públicas. Novoa coincide y subraya que la demanda existe, pero es frágil frente a cambios en tasas, empleo o subsidios, por lo que la coherencia regulatoria y habitacional será fundamental.
Respecto al mercado de arriendos, ambos especialistas estiman que se encuentra cerca de su techo en la mayoría de las comunas. Si bien podrían darse alzas marginales en zonas bien conectadas y con alta demanda estructural, el escenario base apunta a estabilización de precios y, en algunos casos correcciones reales, especialmente si parte de la demanda migra hacia la compra.
Finalmente, el subsidio a la tasa hipotecaria para viviendas bajo las 4.000 UF aparece como uno de los principales motores del segmento de vivienda nueva. Según García, este instrumento no solo acelera decisiones de compra y mejora la rotación de stock en entrega inmediata, sino que también amplía la base de compradores efectivos.
En tanto, Novoa agrega que su impacto será especialmente relevante en mercados regionales, donde la mayor parte de la oferta se concentra en ese tramo de precios, permitiendo absorber de forma más eficiente el stock disponible durante 2026.