
Según datos del Ministerio de Energía, el agua caliente sanitaria concentra cerca del 20% del consumo energético residencial en Chile. Especialistas recomiendan mejorar la eficiencia de estos sistemas para reducir costos y disminuir el impacto ambiental.
Por Tomás Rodríguez Botto
Con la llegada de las bajas temperaturas, el uso de agua caliente aumenta considerablemente en los hogares chilenos. Sin embargo, más allá de entregar confort durante el invierno, este consumo tiene un impacto significativo en las cuentas de energía de las familias.
De acuerdo con cifras del Ministerio de Energía, el agua caliente sanitaria —utilizada en duchas, tinas y lavado de loza— representa cerca del 20% del consumo energético de las viviendas del país. Si se suma a la calefacción y climatización, ambas categorías concentran el 73% de toda la energía utilizada en el sector residencial.
La magnitud de estas cifras ha llevado a especialistas a poner el foco en la eficiencia energética como una herramienta para reducir gastos y avanzar hacia hogares más sostenibles.
“Muchas veces las personas asocian el ahorro energético únicamente a la iluminación o los electrodomésticos, pero el agua caliente sanitaria es uno de los principales consumos dentro de una vivienda”, señala Manuel Eyzaguirre, gerente general de Kaltemp.
Entre las alternativas que han comenzado a expandirse en el mercado se encuentran las bombas de calor sanitarias, una tecnología que utiliza energía presente en el aire para calentar agua y que puede alcanzar niveles de eficiencia superiores a los sistemas convencionales.
Según explica Eyzaguirre, estos equipos funcionan mediante tecnología aerotérmica, captando calor del ambiente y transfiriéndolo al agua. Esto permite obtener hasta tres unidades de energía térmica por cada unidad de electricidad consumida.
En comparación, sistemas tradicionales como termos eléctricos o calderas convencionales suelen presentar una relación directa entre energía consumida y energía generada, mientras que los sistemas a combustibles fósiles enfrentan mayores desafíos asociados a emisiones y costos operacionales.
Los expertos coinciden en que existen medidas simples que pueden ayudar a disminuir el gasto energético asociado al agua caliente sanitaria. Entre las principales recomendaciones destacan realizar mantenciones periódicas a los sistemas de calentamiento, ajustar la temperatura a niveles adecuados para evitar consumos innecesarios y reducir la duración de las duchas.
Asimismo, sugieren privilegiar tecnologías de alta eficiencia energética y evaluar la incorporación de fuentes renovables cuando las condiciones del hogar lo permitan. Estas medidas no sólo contribuyen a reducir el consumo de energía, sino también el uso de agua, generando un doble beneficio para las familias.
Una de las combinaciones que despierta mayor interés en el sector energético es la integración de bombas de calor con sistemas fotovoltaicos residenciales.
Esta alternativa permite utilizar parte de la electricidad generada por paneles solares para producir agua caliente, reduciendo la dependencia de la red eléctrica y aprovechando excedentes de generación que muchas veces no son utilizados dentro de la vivienda. De acuerdo con especialistas, la electrificación de servicios domésticos como el agua caliente, la calefacción e incluso la cocina será una de las principales tendencias para avanzar en la reducción de emisiones del sector residencial durante los próximos años.