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13 abril, 2023 /

Santiago histórico y sus nuevas rutas para ser habitado

Dada la agitada agenda en seguridad y el deterioro evidente de zonas centrales en Santiago, la pregunta que surge para establecer la premisa sería ¿qué rol cumplen los actores territoriales, de cara al deterioro o revalorización de los barrios?

Si bien, los antecedentes ejemplifican que desde finales del siglo XX en Latinoamérica, la gentrificación entendida como el proceso de desplazamiento de habitantes de bajos ingresos por una de mayor capacidad adquisitiva, no sólo fue fundamental para el levantamiento de los territorios, gracias a la inyección de nuevas infraestructuras, ya sea cultural o de posibilidades de ocio en los espacios públicos, se evidencia que hoy existe una nueva forma de habitar dichos espacios que dista bastante de aquella época.

Todos estos cambios se han modificado rotundamente producto de varios factores, dentro de los que debemos considerar y destacar el estallido social y la llegada masiva de migrantes de bajos recursos, que transformaron el mercado habitacional debido a la densificación de las zonas.

Asimismo, entendiendo que las sociedades se transforman y que en las ciudades surgen nuevas necesidades, igualmente es fundamental poder aprender de las fórmulas del pasado. Es el caso particular de algunos barrios del centro de Santiago, los que en aquella época lograron un aumento sucesivo de la revalorización del sector en áreas deterioradas, gracias al plan de repoblamiento llamado Programa de Renovación Urbana.

Este Plan buscaba entonces, promover una configuración de los barrios más equilibrada e inclusiva, materializado en obras como “la renovación de los cascos urbanos, la incorporación del concepto de paisajes hídricos y el aprovechamiento de las áreas vacantes o en desuso”.

Pero si bien el rol del Estado es una pieza clave en la articulación de las ciudades, hoy con un panorama como lo es un casco histórico abandonado por la fuga de grandes empresas, la tomas y los asentamientos informales, se requiere con urgencia mayores esfuerzos que sólo políticas públicas para rescatar lo que alguna vez fueron sectores palaciegos.

Es aquí donde el derecho a la ciudad, definido hace casi un siglo atrás por Henri Lefebvre, como el derecho de los habitantes a construir y decidir sobre los espacios urbanos, surge como respuesta a la vulnerabilidad y segregación social que se evidenciaba entonces en las ciudades, y que hoy por hoy, se manifiesta en su cara más cruda en la destrucción total de nuestro ombligo dentro de la capital.

Entonces, ¿quiénes deben intervenir? Claramente todos los actores involucrados: los habitantes, los encargados territoriales, las entidades públicas y los privados, pero antes, para que una comunidad defienda colectivamente este derecho, precisa sí o sí, de cohesión social. En este contexto, el reconocimiento del patrimonio como parte inherente de la identidad cultural, toma relevancia por su capacidad de movilizar procesos de apropiación y defensa del espacio urbano.

Finalmente, tomando el caso más actual, esperemos que el inicio de estos cambios profundos para la revitalización de la llamada Zona Cero, sea el denominado proyecto “Santa Rosa”, el cual contempla edificios de vivienda, un centro comercial, un mercado y tiendas de Mipymes con foco en industrias creativas. Tendremos que revisar en un futuro próximo el impacto de este giro en el histórico edificio, porque de seguro, modificará el funcionamiento del eje central de nuestra ciudad.

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