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27 noviembre, 2025 /

Problema estructural: entre la percepción y la realidad

Por: Marianne Küpfer, socia de la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales y de René Lagos Engineers. 

Múltiples son los ámbitos en que escuchamos hablar de “problema estructural”. Un concepto amplio que puede evocar una cuestión social, política, económica, organizacional, empresarial y, por cierto, ingenieril. En todos los casos el concepto busca manifestar una falla, una debilidad o un defecto en los elementos fundamentales que componen un todo, y que de alguna manera, suele generar en el común de las personas decepción, impotencia y vulnerabilidad.

Esta reacción suele surgir por un condicionamiento normalizado de resignación debido a la frecuente lentitud de respuesta e inacción de las partes. Así como desde el ámbito ingenieril, los calculistas se ven frecuentemente expuestos a responder por “problemas estructurales” que en la práctica suelen corresponder a defectos de terminación o de ejecución, hasta incluso, a situaciones que nada tienen que ver con aspectos técnicos.

Difícil resulta, a veces, explicar a quien con esfuerzo ha adquirido un lugar donde vivir, que un problema estético o funcional no es estructural y que no pone en riesgo la seguridad de su vivienda. Asimismo, resulta doloroso observar cómo a veces, en el afán de mostrar el supuesto “problema estructural”, el propio usuario incurre en un acto que sí puede llegar a generarlo.

Si bien las explicaciones pueden sonar razonables y comprensibles, muchas veces no son suficientes para impedir el sentimiento de impotencia e indefensión de quien sufre el problema. Importante resulta, entonces, comunicar permanentemente a la sociedad que un verdadero problema estructural se manifestará como un compromiso significativo de los elementos soportantes, generando signos visibles de deterioro o el colapso, total o parcial, de una edificación.

Para un buen ingeniero estructural no es necesaria la ocurrencia de una falla que refleje una debilidad estructural para levantar una alerta, sino que basta un “problema menor” que afecte la serviciabilidad, el bienestar de los ocupantes y la percepción de calidad, para convertirlo en una fuente de aprendizaje.

La experiencia profesional, adquirida a lo largo de años de práctica, transforma el conocimiento en criterio, permite pasar del saber qué hacer a saber cuándo y cómo hacerlo mejor. No es solo tiempo acumulado, sino valor aprendido, aplicado y transmitido. Esa experiencia compartida oportunamente al equipo de especialistas, arquitectos, constructores y desarrolladores puede derivar en la implementación oportuna de estrategias que permitirán reducir los indeseables “problemas estructurales”.

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