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15 junio, 2023 /

Los desafíos en la administración para abaratar costos

Por: Álvaro Ricardi Mac-Evoy, socio Fundador SPM Administración y Asesorías SpA.

Analizando el panorama en otros países se escucha mucho sobre el servicio de conserjería remota que se está masificando en Argentina, específicamente, con el objetivo de rebajar los costos en los consorcios o comunidades de edificios en nuestro caso, trabajo constante que deben hacer los comités y residentes de cara al alto valor de operación mensual.

Así, es interesante analizar las cuatro categorías indicadas en la ley de copropiedad que componen un gasto común y comprender cómo se distribuyen porcentualmente: De administración 66%; de mantención 9%; de reparación 7%; y de uso o consumo 18%.Todo apunta a rebajar el costo del recurso humano que tiene la mayor participación en esta distribución.

Independiente de buscar las posibles soluciones, surgen las inevitables incógnitas: ¿cuántos edificios hay en Chile? ¿Qué porcentaje de las personas con trabajo formal hoy en día, representan los conserjes?. El tema toma relevancia en un contexto de alta cesantía. Por lo mismo, se puede pensar que en un edificio trabajan como mínimo 5 personas y un promedio de 8 a 9 personas de un universo de 50.000 comunidades habitacionales en todo Chile (aprox 20.000 en RM y 30.0000 en regiones) .

Todo esto nos indica que un promedio de 450.000 personas trabaja en edificios de un total de 9.006.729 personas, que según el INE, hoy están empleados. Lo que representa casi un 4,9% de la fuerza laboral de nuestro país.

Es por esto que la idea de formato remoto se vuelve poco interesante si esto significa dejar a tanta gente sin trabajo, pero por otro lado, está el interés de rebajar una cuenta que como ya he comentado antes, es una de las más caras que pagamos los habitantes en una comunidad.

Claro, esto es el progreso, la autonomía, la industrialización de los procesos, pero es importante saber cómo se mitigará si es que se comienza a migrar a otros servicios, indudablemente la tasa de desocupación que se irá creando.

En definitiva, el costo de la vida hace que vayamos pensando en soluciones para poder reducir al mínimo los gastos que mensualmente no necesitamos, pero también se establece la la urgencia de cambiar nuestra manera de ver las cosas, para que nuestra idiosincrasia se mueva a lógicas menos individualistas y más humanas.

Es sólo una propuesta, pero si estamos mirando cómo lo resolvieron en otras partes, también partamos por ver cómo aportamos nosotros para que se produzca ese cambio. A todos se nos olvidó la pandemia y las grandes enseñanzas que nos dejó a quiénes administramos y habitamos comunidades, aunque esto será materia para otra columna.

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