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24 octubre, 2023 /

Hoy debemos poner en valor el patrimonio arquitectónico moderno

Por: Alberto Beitia V. Arquitecto U. Andrés Bello. Ambassador Oficial SktetchUp Trimble.

El avance del desarrollo urbano, y con ello, la riqueza y mejora en la construcción, diseños y funcionalidades de las ciudades, ha planteado nuevos cuestionamientos a la población a partir de la respuesta que ofrecen las ciudades para el hábitat y desde cómo este avance en el tiempo, ha construido inmuebles que por sus características tienen un alto valor patrimonial moderno y con alta identidad local, pero que está en serio riesgo de perderse debido a su desconocimiento e invisibilidad.

Si bien existe una política pública de valorización del patrimonio material, donde encontramos aseguradas importantes obras arquitectónicas, estas no hablan del Chile moderno, de la ciudad y de su identidad en el tiempo. Hoy la institucionalidad pública como el Ministerio de la Cultura o la Dirección Nacional de Patrimonio, tienen un nuevo desafío: proteger el patrimonio moderno que ha venido dando identidad y personalidad a las ciudades.

Rancagua, así como muchas ciudades de Chile, cuentan con construcciones posteriores a 1925 que se han mantenido en el tiempo. Viviendas, puentes y estaciones de ferrocarriles, son algunas de estas construcciones que son parte del paisaje urbano y que a pesar de terremotos, y otros fenómenos naturales, además del avance particular de las ciudades que han resistido y mantenido, teniendo en sus cimientos no solamente concreto, fierros y madera, sino que una riqueza patrimonial identitaria que forma parte necesaria de los vecinos y vecinas de la ciudad.

Si recorremos, por ejemplo, Rancagua en su casco histórico, e incluso hacía un poco más allá por todos los puntos cardinales nos vamos a encontrar con diversas construcciones que mantienen una clara línea arquitectónica moderna, que nos habla de períodos, historia, procesos e identidad.

La Estación de Ferrocarriles de Rancagua, que junto con ser una de las más bellas de Chile, sus pilares, arco y arquitectura, presentan un patrimonio único de conservar y valorar. Lo mismo ocurre si recorremos calle Ibieta, donde aún se conservan cuadras de residencias que tanto en su materialidad y diseño arquitectónico, han sellado valiosas épocas de la identidad propia del territorio.

Sin embargo, el desarrollo propio de las ciudades, las nuevas necesidades de espacios urbanos y las funcionalidades que ha demandado la vida en la urbe, ha llevado a estas construcciones a invisibilizar, e incluso a desaparecer, y con ello a perder el valioso patrimonio local que solamente queda registrado en fotografías familiares o de prensa.

Un caso que ratifica esta visión es el ex edificio del Hospital Regional en Rancagua, ubicado en Avenida Alameda Bernardo O´Higgins y que hoy alberga la Universidad de O´Higgins, y que cuya riqueza arquitectónica fue reconocida a través de la nominación a los Premios Obra del Año ODA 2023, de la plataforma Archdaily en español.

Son cientos los elementos que a lo largo de los años han construido el valor identitario y patrimonial de las ciudades y el arraigo de sus habitantes. Queda, por tanto, generar políticas públicas, e incluso comunales, que protejan lo que hoy nos habla de una época, una historia, de la cultura y los procesos de una ciudad, y que por no contar con una clara legislación, normativa y regulación, simplemente está en riesgo de perderse y cortar la transmisión generacional de dicho patrimonio, quedando en el olvido el valor y significación de los espacios que hoy habitamos.

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