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Entender la ciudad como un ecosistema

Por: Carolina Rojas Quezada, Investigadora Asociada Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS)

Las ciudades con nuestra forma de vivir, están en discusión. Nuestra sociedad se ha organizado en ciudades y hay una incertidumbre respecto al futuro, sobre todo por la crisis climática e hídrica, generando una ansiedad climática que obligará a las personas a tomar decisiones para poder enfrentar las consecuencias. 

La idea es tener claves para reorganizar nuestros asentamientos y eventualmente poder adaptarnos a estas crisis con un futuro próspero, porque lo que se viene será  complicado. Una de las claves es que las ciudades sean cada vez más naturales y considerar a la naturaleza como una aliada, ya que salvo algunas excepciones en ciudades en países desarrollados, la realidad es que cada vez las ciudades son más cemento, fragmentadas, contaminadas y más grises. 

La expansión urbana ha devorado buena parte del suelo natural, entonces sería contraproducente seguir expandiéndonos de la forma que hacemos, esto porque vamos consumiendo más suelo y necesitamos para secuestrar carbono, como en el caso de lagunas, humedales o bosques. No podemos seguir dándonos el lujo de seguir construyendo en espacios naturales. 

La gran duda es ¿cómo lo hacemos? Una alternativa es hacer un Plan de Infraestructura Verde-Azul concreto y al 2030, alineado a los 17 Objetivos de Desarrollo Sustentable, en especial el ODS 11. De hecho, naturalizar las ciudades es una de las metas de este objetivo. Un plan de este tipo consiste en identificar todos los espacios verdes y azules y también cafés (cerros), reconociendo las potencialidades y las brechas, pues sabemos que su distribución es muy desigual en las ciudades del país.

Es importante re-constituir la red de infraestructura verde-azul, ya que son espacios interconectados con múltiples funciones que constituyen un sistema. Por ejemplo, Santiago tiene cerros islas, ríos y parques, pero no tienen conectividad. Una opción, por supuesto polémica sería derribar autopistas para recuperar espacios abiertos, pues este modelo ha fragmentado mucho la ciudad. Distintas ciudades, como Madrid, Seúl y Medellín, han optado por la recuperación de ríos urbanos como formas de integración y de inclusión en ciudades, que estaban fragmentados por carreteras y le daban totalmente la espalda a la población.

Hoy en día no sólo es necesario contar con espacios verdes-azules, es importante también, contar con espacios sanos, saludables, que aporten a calmar la ciudad, ya que vivir en ciudades metropolitas no es nada fácil y puede ser muy estresante. Recordemos que el incremento de los espacios verdes, abiertos, naturales y también de agua, tiene efecto positivo en la salud, hay incluso, evidencias que dan cuenta de cómo afectan en la reducción de problemas cardíacos en personas que viven cerca.

Por eso, un plan para el país también debería incluir espacios verdes-azules que incrementen la biodiversidad urbana, dada todas las especies de plantas que se podrían recuperar, la polinización, la mejora de los hábitats para la diversidad de aves que hay en la ciudad, los servicios ecosistémicos que podemos obtener, como por ejemplo, regular la temperatura ante las olas de calor y el drenaje urbano sustentable en lluvias extremas, ya que estamos en un contexto de escasez hídrica y no nos podemos dar el lujo de perder las aguas pluviales que pueden ser reutilizadas en riego, más aún, cuando el clima está cambiando. 

En este sentido también son valiosos los nuevos espacios abiertos, probablemente menos verdes, más cafés y menos frondosos, pero igualmente muy beneficiosos.

También operan mucho los planes verdes, pero no solo hacer plazas y parques, que fue el paradigma pasado, sino recuperar la biodiversidad urbana. Hay una revolución enorme con los huertos urbanos, porque la ciudad ha puesto en peligro a una serie de insectos que ya no están -como las abejas, las mariposas-, entonces hay que recuperar esos ciclos y entender que la ciudad, es parte del ciclo hidrológico, del ciclo de carbono, no es un ecosistema aislado: hay que entender la ciudad como un ecosistema.

Por supuesto, debe incluir un plan de inversión público privada y participación ciudadana, con metas claras. Es decir, como mínimo la ubicación de las zonas que se van a intervenir, los indicadores de seguimiento, los tipos de proyectos a realizar, plazos y costos. Así,  en algunas comunas tendrá más impacto restaurar la ribera del río o recuperar un humedal urbano; en otra diseñar un parque multifuncional; y en las comunas que ya tienen una cantidad considerable de verde, nos podríamos concentrar más en la conectividad ecológica y en la restauración.

No podríamos dejar esto solo a un actor clave que podría ser el Gobierno, sino que,  somos nosotros mismos, las personas, las que tenemos que ampliar nuestra conciencia y autonomía para ir demandando mejores ciudades y actuando de forma local ante los cambios globales.

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