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15 noviembre, 2022 /

El urbanismo y su legado para dar respuesta a la desigualdad

A propósito de lo que fue el Día Mundial del Urbanismo, vale la pena recordar los orígenes de la disciplina. Este día, celebrado por primera vez en 1949, fue promovido por uno de los padres fundadores del Urbanismo en Latinoamérica, el argentino Carlos Della Paolera. Su motivación fue engrandecer los esfuerzos por atender las condiciones de vida y la cotidianeidad en las ciudades.

Las preguntas por el bien común y por una mayor igualdad que dieron origen al urbanismo, persisten en la agenda de los profesionales actuales. Si bien los conceptos han cambiado, permanece el “bienestar” de entreguerras y el “desarrollo económico” de posguerra que han dado paso al “desarrollo social” y “humano”, así como a la “equidad” y “sostenibilidad” ambiental, en todos los cuales el urbanismo – planificación u ordenamiento territorial – tienen un rol clave.

En Chile y en el mundo, el urbanismo nació como un movimiento que buscó dar respuesta a dos condiciones de desigualdad que caracterizaron a la ciudad industrial: los problemas relacionados a la vivienda social y a la salud pública. Ambos asuntos pasaron a ser los principios clave en la formación del urbanismo, mientras pasaban a ser parte de la agenda estatal.

Era el momento en que el Estado debía hacerse cargo de la cuestión urbana, que era en realidad la cuestión social y que se materializó a través de una institucionalidad y de una legislación apropiada. El aparato técnico de la planificación tomaba forma, recién en los años veinte, cuando el aparato público se hacía cargo del problema urbano.

La instalación del urbanismo respondía a los vitales cambios urbanos que experimentaban nuestras ciudades y que, al promediar el siglo XX, serían cada vez más evidentes. Tras siglos de pausado desarrollo urbano, partir de los años treinta se experimentó un tránsito de la “gran aldea”, en palabras de Lucio López, a la ciudad de masas. Esta acelerada expansión y masificación urbana, impulsada por la migración desde el campo, caracterizó a ciudades como Santiago que crecían en los arrabales, cambiando cada vez más sus proporciones y aumentando su complejidad.

En este contexto, el rol de las universidades fue fundamental, en tanto, no sólo lograron poner el tema urbano en la agenda pública y como materia del desarrollo político y económico, sino que empujaron los cambios institucionales y normativos que requería la instalación del quehacer, más allá de la mera propuesta de planes urbanísticos y crearon los primeros programas de postgrado en Planificación Urbana.

Se estaba frente a un Estado que avanzaba para hacerse responsable por el “bienestar de las mayorías” y “bienestar de la sociedad”. Hoy, en pleno siglo XXI, los antecedentes de la disciplina nos permiten recordar la vigencia de las preguntas que marcaron su origen. Así, las materias de salud pública y de vivienda, quedaron entonces, como la base del Urbanismo que establecen el desarrollo de las ciudades y como los temas estructurales para enfrentar, por ejemplo: una pandemia.

Son estas materias parte de los desafíos de los planificadores urbanos actuales, que tienen como fin, colaborar en el mejoramiento del desarrollo de las ciudades y en la calidad de vida ofrecida a sus habitantes, en medio de la creciente complejidad de las condiciones urbanas y de nuevos escenarios culturales, políticos y administrativos.

En definitiva, el rol del urbanismo es clave para promover un desarrollo integral con equilibrio ambiental y con mayor justicia social que considere la participación con miras a fortalecer la identidad cultural de los territorios y de sus comunidades.

Por: Macarena Ibarra A. Profesora asociada del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC. Historiadora UC. MA University of Leeds y PhD, University of Cambridge, Reino Unido

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