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14 agosto, 2023 /

Deuda Eterna con La Pintana

Por: Luis Fuentes,  Director Instituto de Estudios Urbanos UC, Investigador CEDEUS.

La comuna de La Pintana nació entre 1981 y 1984, tras la subdivisión de la comuna de la Granja. El origen de su ocupación está vinculado en un primer momento a la instalación de huertos obreros y familiares, posteriormente a operaciones sitio y tomas de terreno, y finalmente, a la radicación de miles de familias que venían de diferentes lugares de Santiago y que llegaron a vivir en viviendas sociales, con bajos estándares habitacionales y nula presencia de equipamientos y servicios.

A la fecha, según el Censo de 2017, la comuna hoy tiene casi 180.000 habitantes y un 10% de sus hogares presentan algún tipo de déficit habitacional (allegados, hacinados o en viviendas irrecuperables), y es que es precisamente esta construcción indiscriminada de viviendas sociales, sin ningún tipo de planificación, la que ha generado enormes consecuencias territoriales en la comuna.

El propio municipio ha diagnosticado que su territorio comunal está fragmentado en términos de estructura urbana con muy mala conexión entre los diferentes barrios. Se ha generado una conformación de núcleos de vivienda con muy alta densidad en polígonos con insuficiente, por no decir inexistente, infraestructura y equipamiento. Como es un lugar donde predomina la vulnerabilidad social, prácticamente no hay inversión privada, por lo cual las fuentes de empleo son escasas.

Todos estos problemas generan que La Pintana sea una de las comunas con los peores índices de calidad de vida, como lo atestiguan diferentes indicadores y estudios. El municipio presenta un bajo nivel de inversión propia en un mar de necesidades sociales. A pesar de esto, su alcaldesa Claudia Pizarro, se las arregla no solamente en generar mejoramiento urbano con precarios recursos, sino también, intenta rescatar a través de redes sociales, todas las cosas positivas que ocurren ahí para amortiguar los problemas de cara a la estigmatización social.

El anuncio de grandes inversiones públicas hace un par de años, como la llegada del metro y el desarrollo de megaproyectos habitacionales en los terrenos de La Platina, sembró la esperanza de un futuro mejor.

Sin embargo, nuevamente nos encontramos con la misma historia: retrasos en las inversiones de transporte e incumplimiento de lo prometido en los proyectos urbanos, como lo ha sido en el claro ejemplo del proyecto Urbano Habitacional de La Platina, que involucraba el desarrollo de 122 hectáreas en 14 lotes para la construcción de 4.500 viviendas. Lo más importante es que el proyecto contemplaba 42 hectáreas con áreas deportivas y culturales, y el desarrollo de infraestructura para mejorar la conectividad de la comuna.

Lamentablemente no se ha cumplido con lo proyectado. La alcaldesa ha denunciado que mientras se construyen las 4.500 viviendas, no se ha avanzado en nada en la habilitación de los equipamientos e infraestructura. La vía estructurante del proyecto que es la continuación de la avenida “Juanita”, no presenta ningún avance y ni siquiera se ha licitado su construcción. Tampoco se presentan avances en el parque ni la laguna prometida en el proyecto original.

Otro ejemplo es el proyecto denominado Antumapu, donde las 1.500 familias que se fueron a vivir ahí, ya llevan dos años esperando la habilitación de equipamientos tan urgentes como un colegio.

Ojalá no repitamos la historia y sigamos intensificando la exclusión y segregación, que han vivido los habitantes de La Pintana. No me cabe duda de que las autoridades van a poder recoger este reclamo local y van a acelerar los proyectos de infraestructura y equipamiento, para no seguir incrementando nuestra deuda eterna con comuna.

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