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29 enero, 2024 /

Desalinización: el progreso económico y el medio ambiente pueden aliarse 

Con la crisis climáticas muchos procesos de cara a la utilización de recursos naturales, han tenido que replantearse. Y es que el recurso hídrico es uno de los que hoy más toma relevancia, por lo que es ahí donde está puesto el foco de atención no sólo para mermar la escasez que ya se vive actualmente, sino también, con miras a cómo vamos extendiendo la vida útil a mediano y largo plazo. 

La situación es crítica. El calentamiento global empeora la calidad de vida de las ciudades cada vez más y mientras no se adopten medidas a nivel mundial para mitigar sus efectos, no lograremos revertir la situación a tiempo como para que sea reversible.

Por lo mismo, revisar la condición de un país marítimo como Chile, que con características geográficas privilegiadas pueden empujar a un desarrollo exponencial, resulta ser una agenda que se ha posicionado contra el tiempo para las autoridades y para quiénes deben desarrollar las respuestas. Por ejemplo: desalinizar agua de mar, ¿será una opción viable para hacer frente a la escasez que afecta desde hace más de una década a nuestro país?

Así es, con las nuevas tecnologías que transforman el agua salada, pronto el consumo humano podrá disponer de más recursos hídricos para el gran aumento demográfico de los territorios, pero no sólo eso, sino que también, tanto las comunidades que viven en las costas como tanto en las zonas insulares y en los valles cercanos, serán beneficiadas gracias a que podrán recuperar tierras para objetivos agrícolas. 

Los grandes beneficiados serían, también, los importantes sectores que son desde antaño un motor fundamental del desarrollo nacional, tales como los sectores como la minería, la construcción, agrícola, agropecuario y de  turismo. La minería y la construcción sin duda son ejes claves en el PIB de Chile y se retroalimentan, ya que el 1ro  asegura los insumos hídricos necesarios para que la construcción pueda levantar nuevos proyectos de plantas desalinizadoras, por lo que con estas estrategias de desalinizar generarían bastante inversión y trabajos.

Sin embargo, no hay que olvidar las consecuencias que trae el intervenir nuestros recursos naturales, por lo que debemos poner más ojo al marco legal y a la falta de una normativa robusta y específica sobre esta materia, para que la fiscalización vele por el riesgo medioambiental que pueda causar los proyectos de desalinización, tanto en su entorno costero como en los ecosistemas que conforman sus aguas. 

Se requiere, sin duda, mayor investigación a nivel local, ya que no estamos al nivel ni tenemos las condiciones de la zona de Medio Oriente, donde se tiene más experiencia en el tema. Es indispensable, por tanto, una normativa que regule la actividad de la industria desalinizadora en forma específica. No basta con someterse al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), puesto que esto seguirá acarreando problemáticas sobre la protección de la vida marina, la calidad del agua y las condiciones ambientales en las zonas de hábitat, lo que nos terminará afectando a todos en diferentes ámbitos.

Finalmente, esto es un llamado a aprender de los errores que hemos perpetuado, donde no existe una planificación con miras a futuro. Una actividad de interés nacional se ha instalado en nuestro espacio marítimo, y tal responsabilidad, no puede sólo recaer en la comisión de recursos hídricos del Senado que ha estado direccionado la ley que regula la autorización y puesta en marcha de plantas desaladoras en los sectores costeros.

Todos los involucrados deben alinearse y ponerle énfasis a que la estrategia sea hacerle frente a la escasez hídrica y a impulsar el sector económico, pero no a costa de recursos que desde ya, están en peligro de extinción.

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