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10 diciembre, 2023 /

Arquitectura, salud y medioambiente

Por: Arq. Gonzalo Mut – Gerente Comercial Pasiva Mgtr. Diseño y Construcción Sustentable LEED Green Associate – Edge Expert; Evaluador Energético Minvu;  Asesor CES – CVS.

La arquitectura, como objeto de diseño que nos alberga cerca de un 90% de nuestro tiempo, es la responsable de proveer un medioambiente adecuado para el desarrollo de nuestras vidas.

Sin embargo, no siempre se tiene en cuenta la trascendencia de lo que ello significa y se dejan de lado aspectos fundamentales para una adecuada calidad del ambiente interior. Este concepto se refiere tanto al confort térmico, acústica, ventilación natural como a la iluminación.

Un aire interior de buena calidad es aquel que no contiene contaminantes en concentraciones dañinas. Muchos materiales de construcción tradicionales liberan Compuestos Orgánicos Volátiles (COV) que se encuentran en materiales como pinturas, barnices, adhesivos, siliconas, sellos, etc, se deben mantener particularmente bajos debido a sus efectos nocivos sobre la salud.

El aire adentro de los edificios suele estar más contaminado que el aire exterior, esto debido principalmente a la mala ventilación, altos niveles de humedad, formación de moho y presencia de otros contaminantes. Los niños especialmente, por su etapa de desarrollo del sistema respiratorio e inmunológico, son más susceptibles a estos contaminantes.

Un estudio de la Universidad de Southampton en el Reino Unido, nos revela que más de la mitad de las inasistencias de los niños a las escuelas es debido a patologías crónicas relacionadas a problemas respiratorios y alergias asociadas a una baja calidad del aire interior.

El moho es muy común que esté presente en edificios con mala ventilación o con mala aislación térmica, ya que al generarse puntos fríos en su envolvente, favorece la condensación y así la proliferación de este fenómeno. El moho también es uno de los principales responsables del desarrollo de asma en adultos.

Otras características que determinan la calidad del ambiente interior, como la iluminación, acústica o confort térmico, son aspectos que deben considerarse dentro del diseño con cuidado. Las necesidades y requerimientos de las actividades para las cuales estamos diseñando el edificio determinan los estándares que debemos considerar para que estas se desarrollen adecuadamente.

Para poder evaluar si las condiciones interiores son favorables o desfavorables, debemos contar con valores y metodologías de referencia para calcular los niveles óptimos de cada indicador para cada área que queramos abordar. Por ejemplo, si estamos evaluando ventilación, tendremos que conocer las renovaciones de aire adecuadas para cada tipo de recinto. Lo mismo sucede con los niveles de iluminación, temperatura o humedad relativa, etc.

Una buena práctica es considerar certificar el proyecto, la mayoría de las certificaciones considera la calidad del ambiente interior como uno de los pilares a evaluar y donde se abordan diferentes aristas de ésta.

Para lograr abarcar estos puntos con precisión, hoy contamos con varias herramientas donde se destacan los programas de simulación que permiten evaluar el comportamiento térmico interior, puentes térmicos, puntos de condensación en superficies interiores o dentro de la estructura del edificio, evaluar tasas de ventilación, iluminación natural y artificial, radiación solar, entre otras variables.

Nunca perdamos de vista el fin último de la arquitectura, que es la de crear una atmósfera adecuada para el correcto desarrollo de una actividad humana determinada, y para ello, debemos diseñar poniendo al usuario y su actividad en el centro de atención.

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